'Se quedan las experiencias, no las victorias': una conversación entre Purito y Hermida (parte II)

'Se quedan las experiencias, no las victorias': una conversación entre Purito y Hermida (parte II)

Segunda parte de la entrevista que Joaquim Rodríguez protagoniza junto al biker José Antonio Hermida en el último número de nuestra revista, que recuperamos en abierto tras el anuncio de la retirada del ciclismo profesional a finales de año de Purito a sus 37 años. En esta entrega, hablan de la entrada de las redes sociales en sus vidas, su relación con los fans, los mejores recuerdos de su carrera y la experiencia los Juegos Olímpicos, que presumiblemente ambos compartirán en Río de Janeiro.

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"El romanticismo es plato grande": puedes leer en este enlace la primera parte de la conversación

Recuerdan durante unos minutos anécdotas que han vivido con compañeros rusos. Hermida cambia la cara y de golpe pregunta:

H. Tú, ¿y cómo te pilló a ti para irte a vivir a Andorra? Porque yo me acuerdo de entrenar contigo y con tu hermano…

P. Sí, todo empezó con Floren. Yo era súper básico para entrenar, y Florencio empezó a llevarme a altura, y encima, el primer año que vine hice una Vuelta de puta madre. Sabes el salto ese de no pasar puertos de cuatro o cinco kilómetros y ver que, ¡ostras!, pues trabajándolo… Y empecé así. En 2007 me compré un apartamentillo a 1800 metros y me enamoré del país. Me ha dado mucho. Al final, el salto de calidad en las grandes vueltas me lo ha dado Andorra. Cuando vivía en Lliçà o Parets lo más cerca que tenía era el Montseny, y ya sólo con ir tenía cincuenta kilómetros. Y luego Andorra me mola porque yo soy muy de los amigos, soy un perro de la calle. Es verdad, soy callejero. Y el rollo ese de pueblo lo noto mucho, eso de que vas a un sitio y te encuentras a alguien… Porque hay mucho turista, pero en Andorra son cuatro.

H. En Puigcerdà también, aún puedes dejar la llave en la puerta y llamas al vecino: “Oye, ciérrame la casa que salgo…” Ya ves, yo, toda la vida aquí.

P. ¡Pero si nos sacabas los ojos, desgraciado! Veníamos aquí en diciembre y nos cogías y bueno… O el Flecha. El Fletcher, eh, el Fletcher.

H. Hostia el Fletcher, ese sí que nos sacaba los ojos. Cuando entrenaba era obsesivo. Bueno, igual que hace ahora con el surf, no sé si lo has visto…

P. Sí, ¡no para!

H. Lo tienes que seguir en el Instagram y vas a flipar con los vídeos surfeando. Se pasa medio año en Hawái.

P. Es muy bueno, porque lo sigues en Insta y, de golpe, ¡foto de Flecha! Y lo miras y te salen unos pies en una…

H. Es muy createur

P. ¡Sí! Te tienes que rascar la cabeza y todo y decirte, "vamos a ver qué entiendo yo por esta foto". Ya te digo, un día, unos pies en una tribuna de Fórmula 1 en Brasil. ¡Yo qué sé!

H. Hace un tiempo se compró una cámara de estas…

P. Jajaja. Sí, ¡ya sé!

H. Una de esas raras en las que sale todo muy difuminado.

P. En el Tour iba con la Polaroid.

Purito y Hermida preguntan a Albert, nuestro fotógrafo, sobre tipos de cámaras. Se pasan así un rato y siguen hablando sobre Flecha y su papel de comentarista en Eurosport…

H. Que por cierto, lo hace muy bien.

P. Muy bien. Yo soy un ignorante que no hablo inglés y me da mucha envidia con las entrevistas que hace.

H. En el equipo, por la relación que tengo con Mérida, también hablo con la gente del Lampre, y ahí los jefes tienen muy buena impresión del trabajo que está haciendo. Y me dicen que tengo que hacer algo igual en mountain bike. Bueno, yo creo que aporta el haber estado dentro…

P. Y tiene el toque ese de que lo vive tanto... Yo, ya te digo, no sé inglés, y cuando he ganado una carrera lo miro en el canal de Carlton Kirby. El cabrón te emociona que no veas. Es brutal, flipas mucho.

¿Así que repasas tus carreras en vídeo?

P. Bueno, no repaso, ¡disfruto, coño! Miro las que gano y se las pongo a mis hijos y les digo: “Mirad, que gana el papa!” Y mi hija: “Que no, ¡qué ha ganado Valverde!”

H. Oye por cierto, estás muy activo en las redes sociales. A mí me enganchas mucho.

P. A cada cual más tontería pongo. Pero sí, me gusta. Twitter e Instagram los llevo yo.

H. Tienes ideas chulas y demuestras ser un corredor fresco…

P. Al final nuestro Twitter no es una cuenta comercial, sino que es para la gente. Y recibes, ¡eh! Se ríen, y si dices una tontería te ponen fino, pero tienes ese contacto con la gente. Yo pongo lo de la calle, lo que veo. De vez en cuando Oakley o Canyon te dicen: “Pon algo.” Es un mensaje más comercial, pero yo voy a la mía. Aunque es un poco triste, me mandan mensajes: “Oye tío, no has ganado pero eres súper simpático en Twitter.” “Joder, cabrón, me has llegado…” —Se da golpes en el pecho y se ríen.

H. En mi caso me ha ido bien la aparición de Twitter e Instagram porque yo nunca he sido de escribir treinta líneas. Al principio de los blogs quería escribir, pero es que no me sale; y eso que veo muchas cosas para contar… ¡A mí me hicieron un favor! Estoy en contacto con fans, con la gente…

P. ¿Tú respondes mensajes?

H. Sí, yo sí.

P. Yo es que no lo suelo mirar. Pongo la cagada y ahí lo dejo. En Japón metí una gamba este año después del Critérium de Saitama… Veníamos de cenar carne de Kobe, cervezas… Y vimos una bici: “¡Hala, qué guapa!” Hice una foto y la colgué. Seguimos de fiesta y, al cabo de tres horas, veo que hay un montón de comentarios diciéndome de todo. Se ve que la bici llevaba unas pegatinas con símbolos nazis. No me había fijado, y después, hablando con japoneses, me comentaron que aquello era de un grupo de música. La bici era muy guapa, pero lo quité, claro.

Recuerdan sus experiencias en Japón y cómo es ahí el ciclismo y el trato personal entre aficionados y ciclistas.

Purito, ¿cómo es tu relación con los otros ciclistas durante la temporada?

P. Hay compañeros con quien no corro en todo el año, que los veo de diciembre a diciembre. Es súper pena. Eso, quieras que no, también te quita un poco de motivación. No como antes, lo que decíamos, ahí en El Bosque, que te salía Santos González con la guitarra, y todos, ahí…

H. O uno que te bajaba con un puro…

P. Jajaja.

H. ¡Ahí empezó la leyenda de Purito!

P. Son cosas que ahora ya no pasan. Como hagas una broma que salga mal… ¡Los mismos jóvenes, eh! Tienes que pedir perdón.

H. Las redes sociales también han matado mucho la cohesión del grupo. Antes, lo clásico era que acababas de cenar, un Cola-Cao con todos en el bar y a reírte. Ahora ya ni Cola-Cao ni nada. Acabas de cenar y la gente ya está con el móvil. Nosotros lo tenemos prohibido y aún hay que insistir.

P. Mira, nosotros, acabas de cenar y, si nos juntamos la generación del setenta y largo [Purito es del 1979], dejamos el móvil de lado, pero con un chavalín de los años noventa no puedes. Le dices: “Si coges el teléfono, 20 euros de multa”. Y ni te mira, te da los 20 euros y sigue hablando, como diciéndote que te vayas a tomar por el culo.

***

Llega la mujer de Purito mientras se va la chica del skype. Hermida me mira: “Bueno, tú alguna pregunta tendrás que hacer, ¿no? ¿O a qué has venido?” Seguimos hablando de recuerdos... y de con qué se quedan de su carrera deportiva.

Hermida, ¿Quizá con tu campeonato del mundo de 2010, con la medalla de plata en los Juegos de Atenas de 2004…?

H. Yo me quedo con todo lo que he vivido antes de ganar. En casa tengo medallas, pero eso lo puedes comprar en una joyería; tiene poco valor. Pero lo que vives antes de ganarla… Todas las aventuras, la camaradería, el estrés de no dormir en un mes porque estás preparando aquello... Al final, correr y quizá ganar son puro formalismo, es como el examen. Bueno, claro, cuando sea mayor le diré a mi hijo: "Mira, una medalla olímpica." Y flipará. Y si él un día gana una medalla olímpica entenderá su valor.

P. Bueno, a poco que hagan deporte lo entenderán. “Joder, el cabrón este cómo iba…”

H. Te llevas esta experiencia, reírte, viajar, verte en situaciones de pena…

P. Dicen que a uno, cuando está a punto de morirse, no le da tanta pena. Pues yo, ahora que ya llega el momento de retirarme, pienso un poco en lo que he hecho y me quedo con eso, con la progresión. Siempre he tenido de ídolos a Valverde, a [Johan] Museeuw, a [Paolo] Bettini. Toda mi vida he estado un paso por detrás, viendo lo que hacían, mientras yo iba creciendo y llegando a su altura.

H. O más… Pero no te das cuenta.

P. Exacto. Y eso es lo guapo, decir: “Ahora que llega el momento de mirar para atrás ves que has ganado cosas, cabrón, que has hecho cosas guapas en el ciclismo.” Pero hasta que no llegas a este momento, veo a los otros en una carrera y pienso: “Mira quién ha venido hoy.” Pero claro, ¡es que también estoy yo!

H. Es que no te ves como un referente para los otros.

P. Y ahora que ya he decidido que si este no es el último año, casi seguro que lo será el que viene… Miro para atrás y, ¡hostia!, es lo que dices: aquellos días en Font Romeu, con el Iberdrola, con unas chanclas que teníamos y poco más, que no teníamos ni guantes. Y de ahí pasé a la ONCE, y el primer año ya empecé a ganar carreras. A veces me vienen historias de cuando era juvenil, la Escalada a Blanes, por ejemplo; la gané de juvenil o de cadetes, y en la crono le gané el tiempo a los amateurs. La gente decía que aquello no podía estar bien, que cómo les podía ganar un niñato. Y ahora lo dices ¡y cómo no te iba a ganar desgraciado, mira dónde he llegado! ¡Jajaja!

H. ¡El tiempo le ha dado la razón al crono!

P. Yo tengo mucha confianza con Javier Mínguez, el seleccionador. Y le digo: “Yo envidio lo que tú tienes, venir a una carrera y encontrarte con tus exrivales.” Y les veo que salen a comer con Manolo [Saiz] y los otros, con sesenta y pico años que tienen. Yo no sé si cuando acabe de correr iré a ver una carrera y estaré con el Bala, con Contador… “Venga, vamos a quedar a ver una carrera por ahí.” Eso sería el mayor premio que podríamos tener.

H. Esto lo conseguirás porque las vivencias siempre es divertido recordarlas. Al final, no acabas hablando de las victorias, sino de las experiencias.

P. Porque quizá por nuestro carácter las victorias no tienen gracia. Si empiezas a explicar que si los pistoletazos, que si en el Muro de Huy solté… Si explicas una historia guay la gente se ríe más.

H.¡Y lo que no se puede explicar!

Entre risas, empiezan a recordar anécdotas de Manolo Saiz y de Ángel Vicioso y de entrenos publicados en las redes. Y que de todo eso podrían escribir libros.

P. ¿Tú crees que eso interesaría a la gente?

H. Es que, ¿qué quieres contar? Que si te levantas por la mañana y ya buscas alguien a quien liar para salir en bici, que si hoy la niña tiene no sé qué y acabas saliendo a cara perro a entrenar, las series que tenías que hacer… buah, y que haces más de la cuenta porque te has descontado...

P. ... que no te encuentras a nadie a quien poder sacar los ojos… ¡Jajaja!

H. ¿Esto tiene interés para plasmarlo en un libro? No sé. Al final yo creo que tú eres un romántico como yo y, que tal como viene lo sientes, vas y punto, y después ya pedirás perdón. Que si hoy tenía que hacer tres horas y he hecho cuatro y media, bueno, se me ha ido de las manos…

P. A mí me pasa. Yo si hoy tengo que hacer series por el llano a tanto pero me encuentro a alguien, voy a muerte, hasta que me estrelle. Luego igual me salto un puerto porque no soy capaz de hacerlo.

H. Al final nosotros sentimos un ciclismo que nos mola y, aun siendo nuestra profesión y un modus vivendi con unas obligaciones que cumplir, lo mantenemos ahí.

P. Estoy pensando en que este es mi último año, pero el que viene haré la Titan. Puedo dejar la competición, pero la bicicleta no la dejaré nunca; es una forma de vivir.

H. El ciclismo es un deporte único que aprendes con cuatro años y lo dejas el día que la palmas. Sí que nosotros estamos siempre en un reducto que es la competición, pero el ciclismo es tan enorme que todo el mundo lo ve diferente.

***

Seguimos hablando de los diferentes niveles del ciclismo hasta recuperar el aspecto más profesional para recordar la etapa que ganó Purito en Plateau de Beille en el Tour de Francia de 2015. Semanas antes, Hermida se encontró a Purito y Losada reconociendo la etapa y Purito le explica que se puso “como una morcilla”, porque por culpa de un pinchazo en una zona sin cobertura se quedaron tirados durante unas horas.

P. Aquel día disfruté como un cabrón. Fue brutal aquella etapa. No estoy acostumbrado a ganar así, llegando solo. A falta de cuatro o cinco kilómetros ya sabía que ganaba.

H. Es que subías a un ritmo constante…

P. Estaba muy bien, controlando. Ya cuando me dijeron que llevaba un minuto se me hizo la luz. Es muy bonito ganar así; una pasada.

H. Esta faceta te la hemos visto poco.

P. Era más de mi época en Saunier o Caisse d’Épargne, atacar más de lejos. Yo soy más chisposo al final; la distancia de un kilómetro la tengo clara. Te hago lo mismo arrancando en el último kilómetro que si arranco a siete. Pues para eso, ¿por qué voy a pegarme el palizón? Hay gente que se queja: “Es que no das espectáculo!” "¡Y yo qué quieras que te haga, hijo! Es lo que hay, ¡le echó pocas ganas mi padre!"

H. O sea que este año te veremos atacar de más lejos…

P. ¡Sí, atacaré a 1,2 kilómetros! Hostia, pues esta temporada tenemos un calendario guapísimo con los Juegos. A ver si me llevan.

H. ¿Sí? A ver si coincidimos, pues.

P. Ya estuviste viendo el circuito tú, ¿no? Yo quiero ir después de Lieja, porque estaré con el pico de forma parecido al de los Juegos.

H. Coincidí con Sagan, que estaba con Patxi Vila.

¿Irás, pues, a los Juegos? ¿Iréis todos los gallos?

P. Ya, ¿pero a quién dejas? Si hago un buen Tour sí que iré. Mira, si estamos bien, Contador, Valverde y yo iremos. Para gestionarlo es complicado.

H. Yo apuesto más por Valverde y tú. Es que Contador… Al final es un día. Y sí, hay el puerto, pero hay que acabar de dar la vuelta, y con estas características, yo apuesto más por vosotros dos.

P. La suerte que podemos tener es que Colombia llegue súper bien con Nairo; Gran Bretaña, con Froome, e Italia, con Nibali. Francia o Australia, incluso. Y no meter a nadie en la fuga y controlar hasta las últimas vueltas.

H. Yo creo que para llevar bien el equipo hay que llevar a cinco líderes directamente. Como en Pekín. No puedes llevar trabajadores a no ser que tengas un tío como Il Grillo Bettini. El tío te decía: “Voy a ganar esto.” “Pero tío, si falta un mes y medio!” Y ganaba. Tienes que llevar líderes porque es inviable trabajar para uno, y más en una carrera loca como los Juegos. Yo he estado en muchos, pero la mayoría no tienen más oportunidades.

P. Será mi primera vez. Valverde sí que ha hecho tres, y será de los que más.

H. Yo llevaría a todos los jefes, y, después en carrera, si llega el puerto y te quedas, pues te quedas y ya está. Hay mucha prosa, pero en carrera es así y muchas veces no hay más. Yo creo que será como los amateurs, una carrera loca. Es muy difícil ser conservador en los Juegos. Tú vas a correr unos Juegos en tu vida, qué vas a hacer, ¿quedarte a rueda? Si en la tercera vuelta se enciende la locomotora te vas a meter.

P. A parte, el ambiente debe de ser guapísimo. Lástima que nosotros somos los primeros en competir, y ya te empaquetan de vuelta a casa.

H. Es muy chulo el ambiente. No deja de ser comercial, pero cuando estás allí aún se mantiene el romanticismo, se nota el espíritu olímpico. Quizá porque muchos viven sus primeros Juegos y saben que pueden ser los últimos también.

P. Y una cantidad de cracks ahí… Tiene que ser brutal, para no salir del comedor.

H. Yo tengo muchas anécdotas súper divertidas. En Pekín volvíamos de fiesta y subimos a un autobús vacío y sentado solo en la última fila estaba Usain Bolt. ¡Con el hartón de medallas que se llevó! Al final, claro, como vas sin espónsors ni nada, todos somos iguales. Ves a Kobe Bryant a tu lado con la bandeja de la comida… Me acuerdo en mis primeros Juegos, en Sídney, en el comedor, yo iba con Lezaún, y llegan todos les etíopes a nuestro lado, y se pone Gebresselassie con la risita a nuestro lado a hablar.

P. Pues a ver este año qué ropa nos ponen… El otro día leía un artículo de Miguel Morrás que hablaba de la fortuna del tío este de Zara. ¿Te acuerdas de Morrás cuando ganó el Mundial júnior?

Y siguen hablando. Les recuerdo que Morrás escribió el editorial de nuestro número dedicado a Londres. Salimos y Purito nos guía en bici por las calles de La Seu hasta llegar al Parque Olímpico. Ahí hacemos las últimas fotos ahí y ellos dos salen a entrenar: uno, con la bici de carretera; el otro, con la de montaña. Se van con ganas, aunque cuenta la leyenda que, justo antes de salir de La Seu, Purito pinchó. Una más para contar…

 

 

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