'°Subid a pie!'

'°Subid a pie!'

 

– ¡Dónde vas por todo el p**o medio!
– Perdón, no lo había visto...
– ¿¡Cómo que perdón!? ¿No ves que hay gente que está trabajando?

Lo mismo es una obviedad, pero cuando vives por primera vez y entera desde dentro una carrera como la Vuelta a España, te sale explicar que montar una competición de este nivel es un marrón enorme. No me imagino un evento deportivo que requiera más recursos y donde sea más fácil que algo no cuadre. Dicen que la carrera española movía unas 4.000 personas, entre equipos, medios, policía, dirección, jurado, conductores, patrocinadores, médicos, montadores y trabajadores varios. Cada día teniendo que mover el circo de un lado al otro y trabajando en condiciones nuevas. Me lo creo.

Esta conversación tan desagradable la viví en la meta de la cuarta etapa, en San Andrés de Teixido, en Galicia. Al cabo de cinco minutos pensé que podría haber respondido con un “y yo no, si te parece...”, pero no hubiera valido la pena. Además, creo que el hecho de que esto te salga o no te salga al momento es lo que define el carácter de cada uno... En ese momento, servidor tenía prisa para llegar al camión de medios de comunicación donde debía empezar a redactar el directo tras una odisea para llegar allí arriba, y por el camino pisé en el suelo la pintura recién esparcida con el nombre del patrocinador que siempre ponía nombre a las llegadas.

 

Como cada día, la línea de meta. Parque Náutico de Castrelo de Miño.

Como uno lleva como puede las situaciones de tensión, el encontronazo me tuvo un buen rato pensando. Cada una de las cerca de 4000 personas que trabajan en la Vuelta, lo hacen con sus prisas, su falta de horas de sueño, sus kilómetros interminables de carretera, su hambre sin tener un bocadillo cerca e incluso sus ganas de que acabe el día para poder hacer alguna llamada a alguien que no está ahí.

Cuando entras a la sala de prensa a las 11 de la mañana, Chema y los demás llevan ya dos horas montándola. Cuando entras al camión en meta, alguien lo ha conducido hasta allí y lo ha acondicionado (lo mismo que toda la meta). Cuando te marchas de la sala de prensa al final del día, pensando que estar allí diez minutos más sería un castigo imposible, los mismos que la han montado cuando tú todavía estabas en el hotel la tendrán que desmontar e irse a la siguiente ciudad. Y así con todo. 

Esto se me pasó por la cabeza el día que un bolardo no señalizado acabó con el abandono de Steven Kruijswijk. No hay excusas, pero se me ocurren tantas circunstancias humanas por las que puede haber un descuido así...

 

La fauna diversa de una línea de meta. Peña Cabarga.

– ¡Subid a pie!

Pensaba que te podían pasar muchas cosas subiendo en coche un puerto final de etapa de la Vuelta unas horas antes que la carrera, pero no me esperaba para nada la reacción de un aficionado. Tenía unos cuarenta años y subía a pie junto a su hijo las duras rampas de La Camperona buscando la mejor curva donde esperar la carrera. Se giró ofendido hacia el coche de la organización con el que íbamos hacia arriba para exigirnos que subiéramos sudando como él, como todos.

Seguramente, él pensaba que podría hacer lo mismo y al final vio que el acceso al puerto estaba limitado a coches no solamente acreditados, sino con placa especial para la ocasión. Al fin y al cabo, él no cobraba como nosotros. Era el consumidor de todo aquel circo, pesado, que va viajando con impunidad por el país, cortando carreteras, calles y accesos, y además estaba puteado por la subida… ¡Qué faena!

Los restos del circo, despidiéndose de la estación de esquí de Aramón Formigal.

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