Lecciones entre dunas

Lecciones entre dunas

Uno de los grandes motivos que provocan que el ciclismo actual sea irreconocible respecto al de hace no tantos años es la localización, tanto temporal como geográfica, de las principales carreras del calendario. Una anécdota que ilustra bien esta evolución es el de la clásica francesa GP La Marsellaise, tradicional pistoletazo de salida de la temporada al ser disputada siempre el primer fin de semana de febrero o el último de enero, que desde 2013 ha quitado del nombre oficial su tradicional calificación de "GP D'ouverture" porque ya nunca abre el calendario. A veces ni siquiera el europeo por culpa de la Challenge de Mallorca.

Después de normalizar que la primera carrera del calendario World Tour se dispute en enero en Australia (el Tour Down Under), en el último lustro el aficionado ha tenido que entender un nuevo hábito: que el febrero es el mes de la "gira árabe". Si bien este año la Vuelta a Andalucía ha hecho una magnífica competencia albergando el primer gran duelo entre Chris Froome y Alberto Contador de la temporada, la ambición de las dos grandes empresas organizadores del ciclismo (la francesa ASO y la italiana RCS) de internacionalizar su negocio ha llevado a la creación de tres carreras que marcan el calendario de las estrellas: las vueltas a Qatar, Dubai y Omán, disputadas desde 2002, 2014 y 2010, respectivamente.

Qatar ha sido siempre una carrera de sprinters y clasicómanos, y buena prueba de ello es el idilio de Tom Boonen con la prueba. El belga ha conseguido 22 victorias de etapa en sus once participaciones y ha ganado cuatro veces la clasficación general. Además, siempre que lo ha hecho se ha llevado un monumento de adoquín, el Tour de Flandes o la París-Roubaix. No es de extrañar, pues, que este año haya repetido triunfo en la carrera su compañero de equipo Niki Terpstra, vencedor en solitario el año pasado en el velódromo de Roubaix.

Sin embargo, la aparición de recorridos más adaptados a los vueltómanos, especialmente en el caso de Omán con su ya tradicional final en la Montaña Verde (Jabal Akhdar, puerto situado en el macizo de Al Hayar), ha hecho que ya sea la mayoría del pelotón el que decide ir a competir entre dunas. Al fin y al cabo, el sol gusta a todo el mundo y en Europa sigue haciendo frío a pesar del cambio climático. De esta forma, la amplitud de participación en estas carreras nos permiten extraer unas buenas lecciones de ciclismo.

El viento no está hecho para todos

Alejandro Valverde, que se estrenaba esta temporada en los artes del Oriente Medio (solamente había hecho el Tour de Dubai el año pasado y esta temporada ha participado en las tres carreras, con un destacado tercer puesto en la clasificación final de Omán) firmó una frase para la historia al cruzar la meta de la segunda etapa del Tour de Qatar: “Que me pongan cinco Tourmalets antes que esto”, decía desesperado.

El murciano, que aquel día había tenido que intentar defender el liderato de su compañero en Movistar José Joaquín Rojas en un día dantesco de múltiples abanicos y cortes, se lamentaba de la siguiente manera: “Esto es inhumano. Es exagerado, no he visto nada comparado a esto. No sólo es el viento, también es la arena, que no puedes ni respirar ni nada... aquí no hay puertos, pero yo los prefiero”, explicaba a los medios españoles desplazados al emirate. Acabó abandonando el quinto día.

Está claro que cuando los vueltómanos se ponen las manos a la cabeza cuando el Tour de Francia programa una etapa con adoquines es por algo: hay un tipo de ciclismo que no está hecho para todos.

¿El año de Kristoff?

El vencedor de la pasada Milán-Sanremo no tiene el carisma de los grandes sprinters ni la espectacularidad de muchos de sus rivales directos, pero Alexander Kristoff se está consolidando como uno de los ciclistas más sólidos de todo el pelotón. Si su final de temporada pasada no fuera suficiente consolidación (dos etapas en el Tour de Francia y ganador de toda una Clásica de Hamburgo), el noruego ha empezado este año ganando ahí donde corre: tres parciales en Qatar y uno en Omán, que solamente le ponen por debajo de Mark Cavendish en el ránking de victorias de este 2015.

La solidez del portentoso velocista del Katusha o debería sorprender, pero sus resultados en este mes han despertado una alarma que también lleva tiempo sonando: la de la falta de eficacia del popular Peter Sagan, que a pesar de su extrema regularidad sigue en blanco desde el Tour de Suiza de la temporada pasada, en junio. Y el principal culpable de su falta de victorias en este inicio de curso a sido Kristoff, un digno heredero del recientemente retirado Thor Hushovd

La unión de los corredores es posible

Tantas veces acusados de falta de unión, los ciclistas que participaban en el Tour de Omán, entonces ya liderados en la general por el sorprendente vencedor final Rafa Valls, el alicantino que estaba en blanco desde el extinto Footon-Servetto, tomaron una decisión común neutralizando la quinta etapa de la prueba organizada ASO. La tormenta de arena inicial y la peligrosidad del circuito final a continuación, que con el extremo calor hacía partir tubulares de forma continuada, hicieron parar el pelotón a pesar de la hostilidad del director de la prueba, el histórico Eddy Merckx, que ha dejado algunas declaraciones dramáticas. Debe saber el bueno de Merckx que, en el universo ciclista que se genera en febrero entre dunas, todo es posible.

 

 

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