Nairo Quintana, un pedaleo digno y juicioso

Nairo Quintana, un pedaleo digno y juicioso

Texto originalmente publicado en el número 5 de VOLATA

Colombia es una potencia musical de primerísimo orden. No solo es rica y diversa en estilos (del vallenato a la champeta y del porro al bullerengue, pasando por infinidad de subgéneros), sino que cuenta con la cumbia como gran seña de identidad. La cumbia tiene primos en toda Latinoamérica: desde Argentina (la cumbia villera) hasta México (la cumbia sonidera) y su velocidad de contagio agita las pistas de baile de medio planeta. Además, en Colombia la música suena allá donde estés. No hay rincón del país en el que huir de ella. ¡Ni ganas! Es un ingrediente del día a día, como el clima.

La cumbia fue la razón que me llevó a Colombia en agosto de 2013. Días antes, Nairo Quintana había obtenido un histórico segundo puesto en el Tour y su nombre era casi tan popular como el de Falcao. Adentrándonos en buseta por el departamento de Boyacá, cerca ya de Tunja, la ciudad natal de Quintana, nos sorprendió una manifestación de agricultores. Protestaban por el incumplimiento de los acuerdos suscritos por el gobierno, por el aumento del precio de los fertilizantes y el combustible y por la indefensión a la que se veían sometidos si se consumaba el Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea. Dignidad Arrocera, Dignidad Cacaotera, Dignidad Papera y Dignidad Cafetera eran algunas de las organizaciones movilizadas. La televisión hablaba de cortes de carretera y busetas incendiadas, pero lo único que vimos fue a decenas de campesinos con el rostro castigado por el clima, las jornadas de trabajo y las expectativas de futuro. Campesinos con una expresión de ruda seriedad, con esa mirada de triste procesión por dentro tan característica en Quintana. El ciclista podía ser uno de ellos.

 

 

Una vez en Villa de Leyva, la localidad más turística de la provincia de Boyacá y famosa por su festival de cometas, nos alojamos en el Hostal Renacer. Al pedir consejo sobre rutas por la zona salió pronto el nombre del Nairo. Una trabajadora del hostal nos contó que había estudiado en su mismo colegio. Iba un curso por debajo suyo, pero recordaba que él vivía en Cómbita, un municipio a las afueras de Tunja, y que recorría a diario en bicicleta los veinticinco kilómetros hasta Arcabuco, donde estaba su escuela. Eran veinticinco quilómetros de bajada, que por la tarde tendría que remontar de vuelta a su casa. También nos explicó que para los fines de semana se reservaba otra ruta: bajar en mountain bike a Moniquirá, un pueblo a cincuenta kilómetros de Cómbita y con un desnivel de casi mil metros a partir de Arcabuco.

Son las anécdotas cotidianas, trufadas siempre de cifras asombrosas, tan habituales en los perfiles biográficos que adornan las crónicas ciclistas cada vez que un colombiano destaca en el Tour o en alguna otra gran ruta. Rutinas estratosféricas para el simple aficionado al ciclismo, puesto que hablamos de una región con una altitud media de dos mil quinientos metros. Sin embargo, lo que más recordaba aquella compañera de escuela de Nairo era su fama de buen estudiante: "De joven ya era muy juicioso", afirmaba con tímido orgullo.

De regreso a España, buscando información actualizada sobre el conflicto agropecuario, volví a dar, inesperadamente, con Nairo Quintana. En una de sus habituales jornadas de entrenamiento por las montañas de Boyacá, se había encontrado con un grupo de manifestantes que le pidieron su apoyo, y el héroe local se posicionó clara y abiertamente a favor de su protesta. Hacía poco más de un mes que Quintana se había convertido en el latinoamericano mejor clasificado de la historia de la ronda francesa, y sus inequívocas declaraciones, filmadas por un canal de televisión, supusieron un serio impulso para la moral de los campesinos y ganaderos en lucha.

Solo su bicicleta y su maillot de color azul Movistar ponían de manifiesto que aquel colombiano que atendía a los micrófonos no era un agricultor más. Según explicó, años atrás su familia también había perdido parte de su patrimonio al no poder devolver los créditos del banco. Numerosos medios de comunicación nacionales se hicieron eco de sus palabras y las imágenes pudieron ser vistas en todo el mundo a través de Youtube. Era fácil darse cuenta de que Nairo sabía de qué hablaba cuando declaraba: "Es muy triste sacar un bulto de papa a una plaza y ponerse uno a llorar de tristeza porque ni siquiera saca lo de los transportes".

Las hazañas ciclistas de Quintana siguen llenando titulares en la prensa. Sin embargo, y por la razón que sea, las imágenes aquel ciclista juicioso que apoyó la dignidad de los campesinos colombianos días después de hacer historia en el Tour han desaparecido de Youtube.






 

 

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