Vía Turín. Etapa 8: Foligno - Arezzo

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Borja Barbesà | 13 May 2016

Vía Turín. Etapa 8: Foligno - Arezzo

Vía Turín. Etapa 8: Foligno - Arezzo

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La llegada de la carrera a la Toscana se concreta con una etapa de inicio aparentemente plácido y un final trampa. La subida a Alpe di Poti es irregular, con descansos y rampas durísimas, pero se caracteriza por discurrir por pista de tierra durante más de seis kilómetros; la bajada, ya sobre asfalto, es estrecha y técnica. En resumen, una emboscada que puede resultar más decisiva de lo previsto.

Apuesta arriesgada: Diego Ulissi
Apuesta todavía más arriesgada: Gianluca Brambilla

El Giro le está perdiendo el medio a las carreteras sin asfaltar. En los últimos años cuenta con los precedentes alpinos de Plan de Corones y el maravilloso Colle delle Finestre, uno de los puertos favoritos del mundo para servidor y que tan rematadamente bien funciona encadenado con un final en la más tendida -y asfaltada- subida a Sestriere. Como en la penúltima etapa del año pasado, sin ir más lejos. Pero también, y de un modo más parecido con lo que hay en el menú de hoy en Arezzo, las etapas de Montalcino (2010) y Orvieto (2011), con tramos de las llamadas strade bianche propias de la Toscana y Umbría. Son etapas que salen bien, que ayudan a romper la harmonía e igualdad en este ciclismo actual tan medido, a menudo bloqueado y con poco espacio para lo imprevisto, y pueden devolverle puntual y agradecidamente ese vínculo añorado con el ciclismo de otros tiempos. A pesar de que no son muy bien recibidos por algunos corredores, del mismo modo que ocurre cuando el Tour incorpora tramos de pavés, esperemos que tarde o temprano la Vuelta a España se anime y programe un paso por el puerto asturiano de Trobaniello o por los caminos de sirga junto al Canal de Castilla. Sería un espectáculo deportivo y televisivo estupendo.

Y de la televisión al cine. Hubo una época, a finales de los años 90, en que Arezzo era poco menos que un talismán para las películas con ambiciones internacionales. Dos de las triunfadoras de los premios Óscar de esos años como “El paciente inglés” y “La vida es bella” rodaron más de una escena en la ciudad toscana que hoy acoge el final de etapa. El filme de Benigni sitúa la primera mitad de la historia, la del enamoramiento entre el personaje de Guido y el de Dora, en Arezzo. Luego la trama se oscurece con el traslado de la familia protagonista a un campo de concentración recreado cerca de Terni, más al sur, pero Arezzo permanece ligada a la luz, a la felicidad, al todo está por hacer.

Por su parte, el equipo de “El paciente inglés” vino hasta aquí para rodar una de sus escenas más recordadas, la que presenta el personaje de Juliette Binoche observando unas pinturas murales a oscuras, con la ayuda de una cuerda y una antorcha. Se trata de la capilla Bacci de la Basílica de San Francesco. La serie de frescos, llamada “La leyenda de la cruz”, es una de las obras maestras de Piero Della Francesca y fueron pintados entre 1453 y 1466. En los últimos años del siglo pasado se procedió a una exhaustiva tarea de restauración, así que los que aparecen en la película de Minghella son una imitación de los originales que no les hace justicia. Della Francesca está considerado un gran maestro de la luz, dándole un cariz casi arcaico, diáfano, uniforme, que baña toda la escena. Hay quien visita la Toscana por primera vez y se lleva una pequeña decepción esperando encontrar esa luminosidad en el aire. Hoy, viendo el Giro llegar a Arezzo, difícilmente cambiará esa impresión. Se esperan nubes, algo de agua y un poco menos de sol. Y ese olor de tierra mojada primaveral que casi traspasará la pantalla de los telespectadores.