Vía Turín. Etapa 11: Módena - Asolo

Vía Turín. Etapa 11: Módena - Asolo

Lo relevante de la jornada está situado en sus 25 últimos kilómetros. El tramo final descarta a los sprinters puros, así que es probable que no haya muchos equipos interesados en desgastarse para perseguir los integrantes de la escapada del día. ¿Llegarán?

Apuesta poco conservadora: Sonny Colbrelli
Apuesta arriesgada: Matteo Busato

Sobre un mapa, la etapa de hoy es una línea cuasi recta que se dirige al norte sin dudas, solamente inclinándose muy ligeramente al este. Cruzando de modo perpendicular el valle del Po, se asemeja mucho a la ruta que trazaría una computadora por el camino más corto entre Módena y Asolo, antes de emprender el bucle final. Así, si seguimos como ayer con ansias de encontrarle un porqué oculto a su periplo, la realidad nos da un buen mamporro y nos relaja las expectativas, pues parece que en este sentido no hay mucho que rascar. Maldita sea, los funcionarios del diseño de recorridos se salen con la suya.

Hay que reconocerles, sin embargo, que en el tramo final de la jornada han encontrado un rodeo que añade pimienta competitiva. Al llegar a Asolo, se pasa muy cerca de la señal del último kilómetro, pero nanai de acabar ya. Giro a la derecha y una excursión de casi treinta kilómetros nos llevará de paseo por las colinas que se yerguen detrás de esta villa véneta: carretera estrecha, una encerrona empinada bajo el nombre de Forcella Mostaccin, un par de aldeas, un par de repechos más y vuelta a Asolo desde el norte con un tramo de empedrado urbano y estrecho poco antes de acabar. Un plan perfecto además para que el espectador advierta el encanto del municipio que acoge el final de etapa.

A inicios del siglo XVI, Asolo era la sede de la corte del mismo nombre y formaba parte de la Serenísima República de Venecia. A su cargo estaba Caterina Cornaro, quien llegó a ser reina de Chipre y Armenia. La noble era gran aficionada a las artes escénicas y poseía un teatro personal en la corte que, para su desgracia, perdió de vista en 1509 cuando la Liga de Cambrai conquistó y saqueó Asolo y tuvo que huir a Venecia. El teatro fue reconstruido y remodelado alrededor del 1800 bajo preceptos rococó, estilo que en Italia todavía seguía vigente tras pasar de moda en Francia y ser reemplazado por el neoclasicismo. 150 años después, en 1948, el teatro fue adquirido por el magnate norteamericano John Rigling. Su destino fue Sarasota, en Estados Unidos, sede del John and Mable Ringling Museum of Art, así que su escenario y sus palcos fueron desmontados y trasladados al otro lado del océano. En 2006, tras una larga restauración, el coliseo fue abierto y en la actualidad alberga espectáculos. De dudoso gusto, a tenor de lo que podemos averiguar del museo Ringling, una exhibición de ostentosidad y fijación por lo italiano: entre otras lindezas, cuenta con copias del David de Miguel Ángel,  de la Fuente de las Tortugas romana, de la Fuente de Neptuno de los Jardines de Boboli de Florencia, con un embarcadero que es una réplica de los muelles venecianos... Ringling no debía sintonizar mucho con el deporte porqué lo raro es que, ya puestos, no quisiera organizar todo un Giro de Italia por los cayos y llanuras de Florida.

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