Vía Turín. Etapa 15: Castelrotto - Alpe di Siusi

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Una cronoescalada, una modalidad algo anacrónica, adaptada al ciclismo contemporáneo de distancias cortas y margen escaso para las diferencias: apenas 9 kilómetros de subida en una etapa que hubiera beneficiado más la carrera de estar situada antes de las duras jornadas en línea de viernes y sábado.

Apuesta conservadora: Ilnur Zakarin
Apuesta arriesgada: Tanel Kangert

La subida a esta estación invernal, a pesar de estar situada en una zona frecuentada por la carrera, solo cuenta con un precedente en la corsa rosa. Fue en 2009, en aquel rarísimo Giro del centenario. Para empezar, ya resulta poco habitual que se llegara a Alpe di Siusi en la quinta etapa. Ese año el paso por los Dolomitas se efectuó en la primera semana, lo que lógicamente obligó a contenerse mucho con la dureza y se plantearon dos etapas cortas, con sólo dos puertos por día y obviando colosos con pedigrí. Eso no evitó, sin embargo, que quien ganara aquí fuera a la postre el vencedor del Giro al cabo de casi veinte días, Denis Menchov. Aun así el ruso fue capaz de echarle emoción a la carrera hasta el momento de subir al podio final, pegándose un tortazo en la última etapa, una contrarreloj por las calles de Roma.

Ese Giro corrido de norte a sur, con final junto al Coliseo y con las etapas de montaña decisivas situadas en los Apeninos, supuso además el retorno de Lance Armstrong a una gran vuelta. El americano acaparó la atención mediática aunque eligiera Italia simplemente para rodarse de cara a un Tour en el que su máximo rival era un corredor de su mismo equipo, Alberto Contador. Ay, ese Astana de 2009. Sin ir más lejos echas hoy un vistazo al nueve de ese Giro y te pasan mil cosas por la cabeza, no todas positivas: Armstrong, Leipheimer, Horner, Popovych, Rubiera, Brajkovic, Navarro, Zeits y Morabito.

Siguiendo con nombres, ese fue el Giro en el que apuntaron maneras tres jóvenes corredores que prometían mucho y acabaron ofreciendo poco: Francesco Masciarelli, Thomas Lövkvist y Kevin Seeldraeyers. Los tres, de hecho, colgaron la bici antes de tiempo. El primero aduciendo un tumor benigno; el segundo, fatiga crónica; y el tercero no se sabe muy bien qué tras una última temporada, la pasada, corriendo en el Torku Şekerspor turco. Luego había un cuarto que no prometía mucho y sin embargo ya lleva ganados dos Tours. Sí, Chris Froome corrió ese Giro enrolado en el Barloworld y acabó 35º, sin más protagonismo que figurar en la fuga que culminó Gerrans en San Luca, Bolonia.

Pero si lo acaecido con estos corredores no trasciende el terreno de las dudas razonables, no hay lugar para medias tintas con el segundo y el tercero del podio, Di Luca y Pellizotti, descalificados a posteriori, en una de las muestras más lamentables de clasificaciones finales llenas de tachones, asteriscos e interrogantes y desprestigio perpetuos.

Pero bueno, 2009 queda aparentemente atrás, y hoy podremos disfrutar de una cronoescalada a un altiplano verdísimo presidido por la figura recortada del Sciliar, un imponente macizo rocoso que si no es más icónico es porqué la carrera, y por lo tanto la televisión, vienen muy poco por aquí.

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