Vía Turín. Etapa 7: Sulmona - Foligno

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Tras el primer contacto con la montaña y antes de la etapa con sterrato en Arezzo, una jornada de transición. ¿Sprint o fuga? Esa es la pregunta. El puerto de salida inclina ligeramente la balanza hacia la segunda opción. Veremos.

Apuesta conservadora: Marcel Kittel
Apuesta arriesgada: Simon Clarke

Aún no están del todo a punto pero tampoco les falta mucho. En el centro de Italia, los cerezos andan estos días bien atareados ultimando la maduración de sus frutos. En las próximas semanas éstos se recogerán y aportarán vistosidad a los puestos de los mercados. Los pueblos por los que pasa hoy la carrera no son para nada ajenos a esta efervescencia tardoprimaveral, ni lo han sido sus habitantes. Uno de ellos, el malogrado Lucio Battisti, llegó al número uno en 1973 con la canción “La collina dei ciliegi, que no significa otra cosa que la colina de los cerezos. El autor de piezas tan espléndidas como Ancora tu o Mi ritorni in mente nació en Poggio Bustone y pasó buena parte de su infancia en Vasche, pequeña localidad por la que hoy pasará la carrera justo antes del avituallamiento. Nacido curiosamente un día más tarde que otro artista relevante dentro de la canción italiana como Lucio Dalla, Battisti puso en órbita la música de su país, la llevó en pocos años del arquetipo del baladista coronado en Sanremo a un pop-rock de autor intoxicado por múltiples efluvios: la psicodelia, el R&B, la música disco, las tentaciones progresivas propias de los setenta, la llamada de lo étnico…

Si Battisti es una bisagra entre la tradición melódica transalpina y la heterodoxia posterior, Foligno, ciudad que acoge hoy la meta, también ha ejercido de nudo. Ferroviario, en este caso, en el eje Roma-Ancona, algo así como la Tirreno-Adriático de la red italiana, acogiendo su bifurcación hacia Perugia, la capital umbra. Esa posición estratégica le hizo sufrir severos bombardeos por parte de las fuerzas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial y obligó a notables reconstrucciones y reordenamientos urbanísticos. La esencia del casco antiguo, sin embargo, todavía permanece, y construcciones medievales notables siguen en pie y colaboran, con la reverberación de sus muros, a evocar los tiempos en los que Foligno alumbró la historia del libro en italiano: aquí se imprimió en 1472 la primera edición de la Divina Comedia de Dante, bajo la maestría del alemán Johannes Numeister, discípulo del mismísimo Gutenberg. Viendo la buena racha de los ciclistas germanos en este Giro, no sería de extrañar que fuera un compatriota de Numeister quien inscribiera su nombre hoy en la historia deportiva de Foligno. Hay ocho candidatos. 

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