Viñas, campanas y gravel - El reto de la Jeroboam

Viñas, campanas y gravel - El reto de la Jeroboam

 

Otra vez a Italia y de vuelta a una zona vinícola. Del 20 al 21 de mayo, esta vez conocería la comarca de la Franciacorta, en la provincia de Brescia, donde la ciudad de Erbusco albergaría la Jeroboam Gravel Challenge patrocinada por 3T y Giangi’s Bike. Tres eran los desafíos que recorrerían estos territorios llenos de viñedos y los alrededores del Lago de Iseo. Las distancias de cada uno de ellos está muy ligada al espumoso que se produce en la comarca: una botella de 300 cl. correspondia a la Jeroboam, la de 150 cl. a la Magnum, y la de 75 cl. a la Standard. Es decir, tres rutas de 300, 150 y 75 km respectivamente. 

Como no soy un gran bebedor de vino y cava, fui prudente y para evitar la borrachera de kilómetros me decanté por el Desafío Magnum. Además, el eslogan de la prueba me tenía un poco inquieto, sobre todo teniendo en cuenta que la invitación a participar me había llegado un par de semanas antes.

"WE’RE NOT SAYING YOU HAVE TO BE CERTIFIABLY INSANE, BUT IT WOULD HELP.
ARE YOU UP FOR IT?

No estamos diciendo que tengas que estar loco de remate, pero sería de gran ayuda.
¿Estás preparado para ello?

Esa prudencia me inspiró a tomarme el sábado con calma y formar parte del público que presenció la salida de los 25 locos que participaron en el Jeroboam Challenge. Fueron despedidos con aplausos y lluvia. No era para menos porque una fuerte tormenta les auguraba una penosa tarde noche en búsqueda de los tres puntos de control perdidos en las montañas. Los pronósticos se cumplieron y se mojaron.

 

La tormenta y el hecho de que al día siguiente tocaba levantarse muy temprano hizo que no me quedase a los conciertos y a la barbacoa que estaba prevista en la zona de salida. Preferí volver al hotel a preparar la bicicleta Exploro que me habían prestado para completar el reto Magnum. Deberíamos navegar con la ayuda de nuestros dispositivos GPS en búsqueda de los dos controles en los cuales sellarían nuestros pasaportes y certificarían que habíamos cumplido el reto.

El domingo 21, Erbusco todavía dormía cuando los 32 inscritos a la versión intermedia fuimos tomando la salida. Yo también debía estar dormido porque me fuí en dirección opuesta nada más comenzar, y una vez más haría honor a mi alter ego y comenzaría la jornada arrière du peloton

El frescor de la mañana me hizo reaccionar rápidamente y, una vez situado correctamente en el track, tocaba coger ritmo e intentar alcanzar al resto. De otra manera, las fotos del día serían muy aburridas sin otros participantes. Suerte que las piernas respondían y no había perdido más de 15 minutos.

Después de nosotros era el turno de los 41 participantes de la versión corta, de 75 kilómetros. Era la única de las tres que tenía carácter competitivo y los corredores tenían el recorrido completamente señalizado, además de contener dos sectores cronometrados, un descenso y un tramo que podríamos considerar una cronoescalada. Ambos 100% gravel.

Mientras tanto, en la zona de salida el público sólo tuvo que esperar una hora y media más para ver llegar al primero de los participantes que completaba el reto Jeroboam tras 15 horas de pedaleo.

 

Antes de las primeras subidas y con el sol comenzando a calentar, ya había alcanzado a un pequeño grupo, y junto a ellos fui descubriendo unos agradables kilómetros de gravel rodador entre granjas, canales, viñedos y alguna que otra fábrica. Fue un ir y venir que preparaba las piernas para la primera gran ascensión del día, el Colli di San Fermo.

Después de la cima comenzó el descenso y ahí es cuando descubrí que el día no sería gratis porque la velocidad en la bajada es casi más baja y lenta de lo que he subí los últimos 15 km. El duro traqueteo de este descenso técnico me hizo pensar en los compañeros que bajaron en mojado el día anterior y en la suerte que tuve con llevar neumáticos de 2.0 en rueda de 27’5.

A partir de este punto las posiciones entre los corredores comienzaron a estabilizarse y una pareja de fotógrafos británicos afincados en un pequeño pueblo cerca del Stelvio al norte de Italia desde hace tres años acabaron por convertirse en mis compañeros el resto de la prueba.

Después de la segunda ascensión llegamos al primer control de pasaportes situado en la terraza de un bar en la plaza principal de Bossico, que nos recibió con campanas de misa y nos despidió con una procesión sólo de hombres que circulan en fila a ambos lados de la carretera rezando en voz baja. No sería la única manifestación religiosa del día: las campanas también sonaban a su paso por Pianico y otros pueblos de los que no recuerdo el nombre. Tampoco recuerdo la cantidad de vespas y sobre todo Fiat Pandas con los que me crucé ese día.

La consolidación del grupito llegó en el mejor momento de la ruta porque evité rodar en solitario 20 kilómetros llanos antes del último escollo del día, la ascensión a Santa María de Giogio, donde ganaríamos mil metros en 10 km, y en cuya mitad estaba situado el segundo control de pasaporte.

 

La parte final del recorrido volvía a circular en terreno de viñas y bodegas. En ese último tramo, encontramos a algunos de los 41 participantes de la versión corta de 75km, que nos pasaban acelerados por los tramos cronometrados, mientras que nosotros manteníamos un ritmo más constante. Ya sólo pensábamos en la cerveza fresca que nos esperaba en la línea de meta de Erbusco.

Cuando completamos el recorrido, ya habían llegado la mayor parte de los participantes del reto Jeroboam, y, sorprendentemente, hubo menos abandonos de lo que los organizadores habían previsto y tan solo un único corredor llegó fuera del tiempo máximo estimado de 24 horas.

 

Quizás en la segunda edición la Jeroboam Gravel Challenge los organizadores decidan aumentar la dureza de un reto ya difícil de por sí, y cumplir la predicción que hacían en su presentación: “Sabemos que no habrá demasiados finalistas, pero si crees que puedes ser uno de ellos, esta es una oportunidad única para ser uno de los pilotos más selectos que pueden decir que conquistaron el primer Jeroboam 300”.


Puede que en el 2018 me anime a la versión Jeroboam 300. Ya os lo contaré.

 

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