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A 44 grados y al límite: así empezó la Terra Continental Gravel Series en Latinoamérica

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Manuel Novik | 27 Mar 2026

A 44 grados y al límite: así empezó la Terra Continental Gravel Series en Latinoamérica

A 44 grados y al límite: así empezó la Terra Continental Gravel Series en Latinoamérica

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A las once de la mañana, en la Península de Nicoya, Costa Rica, el termómetro deja de ser una referencia: es una amenaza. En el Giro Pio 2026, primera parada de la Terra, varios ciclocomputadores marcan hasta 44 grados.

La ruta atraviesa uno de los entornos más icónicos de Centroamérica. La Península de Nicoya, zona azul de Costa Rica. Desde la bahía de Tambor, el recorrido enlaza asfalto y lastre entre pueblos costeros, bosque tropical y zonas expuestas al sol, con tramos junto al mar y 17 cruces de río. Sobre el papel, rodador. En la práctica, desgaste constante.

“Si usted no se hidrata bien, no llega. Ese es el mayor reto”, explica Alonso Quesada, director de la prueba, en entrevista a Volata. El Giro Pio nació como salida entre amigos hace una década y creció hasta estructurarse en una prueba de referencia nacional.

Su entrada en la Terra elevó la exposición. “Nuestra prueba es como el bambú: durante años no crece, pero echa raíces. Y ahora estamos viendo los efectos”, dice Quesada. El formato mantuvo ese origen. El primer día fue un recorrido para probarse al atardecer por Cóbano, con carreteras mixtas y llegada a la playa. El segundo día cambió todo.

La salida fue a las seis de la mañana desde Tambor, pero el calor ya marcaba el ritmo. “A esa hora estamos en 25 grados; a las diez o doce, en 40 o más”. En ese escenario, los 160 kilómetros y 1.800 metros de desnivel de la prueba más exigente toman otra dimensión.

El recorrido no fue técnico ni montañoso, sino rodador: caminos compactos, tramos rápidos y sectores costeros. Pero el entorno convirtió ese perfil en un esfuerzo sostenido difícil de gestionar.

La edición 2026 confirmó el crecimiento del gravel en su segundo año como categoría en una prueba que nació con alma de MTB. De casi 300 inscritos, algo más de 50 compitieron en gravel este año. De participaciones mínimas pasó a tener estructura competitiva, en línea con el impulso del país, que ya albergó un Panamericano de la disciplina y este año volverá a ser sede.

Gravel a toda velocidad

La carrera se lanzó rápido: los primeros 60 kilómetros se cubrieron en torno a hora y media. Hubo equipos organizados y un bloque dominante, el 7C. “Tienen el mejor equipo ahora mismo”, señaló Quesada. De ahí salió el ganador, John Jiménez, en una prueba donde el conocimiento del terreno fue clave: no bastó con tener piernas, hubo que gestionar calor, hidratación y esfuerzos.

“El camión escoba se nos llena cada año”, explica Quesada. No es raro recoger corredores por deshidratación: “Llegan a un punto, beben, y a los 10 kilómetros ya no tienen nada”, agrega el director de la prueba.

La organización instaló asistencia cada 20 kilómetros con agua, hielo, comida y esponjas. Los tiempos reflejaron esa dureza: el ganador terminó en 5h20; otros se fueron a 10, 11 o 12 horas.

En femenina, dos mujeres tomaron la salida en gravel 160K. Ganó la costarricense Marilyn Mejía. Más allá de los resultados, el Giro Pio confirmó el crecimiento del gravel en la región. “Es una ola que viene bajando: en Europa y Estados Unidos ya es fuerte, y ahora llega aquí”, concluye Quesada.

Para más información sobre la Terra Continental Gravel Series, consulta todos los detalles en el siguiente enlace.