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De Terrassa a Igualada, 260 km por el Grand Tour de Catalunya Gravel

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Texto y fotos: Aitor Fusté | 30 Apr 2026

De Terrassa a Igualada, 260 km por el Grand Tour de Catalunya Gravel

De Terrassa a Igualada, 260 km por el Grand Tour de Catalunya Gravel

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Aitor Fusté y Federico Argüello se adentraron durante un fin de semana en el Grand Tour de Catalunya Gravel, un recorrido de 2.500 km de pistas y caminos que recorre toda Catalunya. Fueron cuatro etapas entre las comarcas del Vallès Occidental, el Bages y el Solsonès. En total, 260 kilómetros y más de 4.500 metros de desnivel acumulado. 

Día 1: Terrassa → Solsona, Pantà de Sant Ponç
Etapas 2 y 3 / Tramo 1: 133,9 km,  + 2.480 m

Terrassa, sábado por la mañana. Dos cafés con latte art sobre la mesa de madera, el móvil con la ruta cargada en el Wahoo, la GoPro, las gafas... Estamos en el Wattios Café, uno de los puntos de encuentro de la comunidad ciclista local. Justo al lado de la estación de tren y muy cerca de los límites de la ciudad, ideal para salir a rodar sin tener que sortear semáforos. Son las 11:00h y cuesta arrancar. Fede y yo miramos las bicis apoyadas en la pared. Las bicis nos miran a nosotros. Los 260 kilómetros que tenemos previstos no se van a hacer solos, pero tampoco hay prisa. Hemos venido a disfrutar de esta pequeña aventura cerca de casa. 

Una vez nos ponemos en marcha, la primera rampa del día es el Coll d'Estenalles: 11 kilómetros al 3 y pico por ciento de desnivel, todo por carretera, constante y asequible, dentro del Parc Natural de Sant Llorenç del Munt i l'Obac. Por el momento, andamos frescos. En sentido contrario pasan los habituales del fin de semana ataviados con los maillots de clubs locales y sin un gramo de equipaje. Nos miran como si lleváramos la mudanza encima.

Superado el puerto, bajando hacia Talamanca aparece el pueblo con su castillo medieval encajado entre las rocas, tan improbable y tan perfecto que parece un decorado. Fede va por delante. De pasada me comenta que en Costa Rica también hay un Talamanca, una región de mayoría indígena; y así es como en una ruta de gravel acabas aprendiendo geografía costarricense sin haberlo pedido.

A partir de Navarcles, la carretera desaparece y empieza el gravel de verdad. Lo que viene después es un subibaja continuo donde el desnivel se acumula casi sin que te enteres, que es la peor manera de acumularlo: cuando miramos el Garmin ya llevamos 800 metros y no sabemos muy bien cuándo los hemos hecho. Las pistas abren paso a masías y torres románicas que aparecen al doblar cualquier curva. En Artés, encontramos la primera pared del día: unas rampas del 11-12 % que duran lo justo para recordarnos que esto no es un paseo en bici de domingo. Luego lo rematamos con el Pic del Garrafís, también sobre tierra, y el descenso a Navàs.

Antes de llegar a Navàs, campos de colza a ambos lados del camino. Los impresionistas franceses matarían por este encuadre. El bar de la estación de autobuses surge como un oasis en mitad del desierto: bocadillos y una cerveza sin alcohol fría. Con 80 kilómetros y 1.600 metros de desnivel en las piernas, la parada se alarga cual siesta de mediodía.

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Camino de Navás.

La tarde nos conduce hasta Montmajor por carretera secundaria, rodeados de verde y con prácticamente cero tráfico. Y en la Plaça del Mercat, la sorpresa del día: el Museu de l'Art del Bolet con su fuente en forma de trompeta de la muerte a tamaño monumental y un mural hiperrealista de setas que ocupa toda la pared del edificio. Fede frena delante y se gira con cara de "¿estás viendo lo que estoy viendo yo?". Sí, Fede. Lo estoy viendo. Y no es culpa de las setas.

El Museu de l'Art del Bolet del Montmajor. La sorpresa del día.

El Pantà de Pons es el remate del día. Sobre las 7h de la tarde, con las piernas ya tocadas y la luz cayendo lateral sobre el agua. Unos 20 kilómetros bordeando el embalse de principio a fin a través de una pista pegada al agua, gravel compacto y liso. En la orilla, gente pescando con toda la calma del mundo. "Están pescando la cena", dice Fede. Puede que sí. Se sienta en un banco de madera frente al embalse, con la bici al lado, y se queda en silencio mirando el agua. Es su momento zen. Después de 133 kilómetros, no se lo discuto. 

Parada en el Pantà de Pons al atardecer.

Llegamos a Solsona y nos alojamos en un hotel en el que nos proporcionan un local para dejar las bicis. Nos comemos dos pizzas y con postre de pistacho. Estamos cansados, pero nos vamos a la cama con esa media sonrisa de satisfacción por el tramo recorrido por un territorio por el que nunca habíamos pasado en bici de gravel. Pensé que Fede me diría algo de que Solsona fue jugador del Valencia. Nada. Al tío no le interesa el fútbol. A dormir.

 

 

Día 2: Solsona → Igualada 
Etapas 4 y 5 (con desvío) / Tramo 1:  ~123 km, + 2.070 m

El ritual de la mañana. Desayuno, lubricar la cadena, dejar el hotel, perder diez minutos buscando un bidón que estaba donde siempre. Y salir a rodar de nuevo. El casco antiguo de Solsona es una de esas imágenes que no olvidaremos: una calle estrecha flanqueada de piedra, la torre de la catedral cerrando el fondo. Y luego el riu Negre que nos acompaña los primeros kilómetros en llano y bajando suave, todo en gravel. Canela en rama para empezar el día con la sensación de submergirnos en la naturaleza. 

Solsona. Bon dia.

A media mañana alcanzamos la población de Cardona, con su castillo del siglo IX vigilando desde lo alto. Otro más. Esta comarca no tiene nada que envidiar al Valle del Loira. Desde allí, gravel hasta Valls de Torruella, luego Súria, y pasado Súria una antigua fábrica textil entre los pinos. Las pistas atraviesan núcleos de piedra deshabitados: masías con portones de madera verde desconchada, muros de mampostería, ventanas con los cristales rotos. El último habitante se fue hace tiempo y no dejó dirección.

Y entonces, aparecen los tótems. De repente, ahí están: esculturas de madera pintada con caras y alas, plantadas en medio del campo, como si estuviéramos en una reserva del Canadá. Espero una explicación antropológica de Fede. Silencio. Nos situamos delante y nos fotografiamos como turistas. Con casco y todo. 

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Tótems canadienses en medio de la Catalunya central.

Manresa nos recibe con calor y necesidad urgente de azúcar. Helado. Algo dulce. Lo que sea con glucosa. Necesitamos esos 20 minutos sentados antes de meternos de nuevo a pedalear.

El Parc Natural de la Serra de Montserrat se cruza por detrás y es la parte más exigente de los dos días. Terreno de piedra suelta, poco grip, rampas cortas y duras. Lo que yo describiría como la Lieja-Bastogne-Lieja del Bages: sin grandes puertos, pero con pendientes del 15%, terreno suelto, llano, otra subida. La sensación de estar escalando sin parar aunque las cifras no lo reflejen. Hay momentos en que no nos queda otra que poner el pie en el suel en un par de tramos cortos. Y al final, nos topamos un río sobre roca blanca, propia de la zona, y agua transparente. Fede lo cruza montado sin pestañear. Uno de los dos tiene clase.

La "clásica" de Montserrat

La montaña de Montserrat, mientras tanto, lo preside todo. Podemos ver las agujas redondeadas de conglomerado desde cualquier ángulo, con cualquier luz. Cuando paramos y giramos, la montaña ocupa toda la visión: paredes verticales, vegetación verde intenso en las grietas, cielo azul detrás. Hay que detenerse a admirarla de vez en cuando y echarle una foto. 

Montserrat. Las agujas al cielo.

Arriba, carretera y descenso hasta Castellolí. El track original del Grand Tour de Catalunya Gravel seguía hacia abajo hasta Manresa, pero decidimos desviarnos hacia Igualada para coger el tren de vuelta a Barcelona. Una de las cosas interesantes de estos tracks és que puedes leerlos como un mapa abierto que puedes adaptar o modificar según tus necesidades. En el vagón, las piernas estiradas y el paisaje pasando por la ventana a 60 km/h. Una buena manera de rematar dos intensas jornadas de pedaleo que han cundido como un viaje remoto. A veces no hay que alejarle tanto para vivir una aventura de bikepacking. 

El Grand Tour de Catalunya Gravel es un proyecto de 2.511 kilómetros y 42 etapas diseñado para recorrer todo el territorio catalán. Se puede hacer por tramos, en escapadas de fin de semana como esta, o de una sola vez en una travesía de bikepacking. El recorrido completo está disponible en Komoot.com.

Más información en Grandtour.Catalunya.com