Maillot Reactive 2.0 y culotte Lancer de Gobik, la otra piel del corredor

Simon Smithy

25 junio, 2026

La equipación que la empresa murciana Gobik ha desarrollado junto al equipo Netcompany INEOS ya al alcance del usuario.

En el ciclismo profesional hay una batalla que el espectador no ve. Puede fijarse en la bicicleta, en la postura del corredor o en la violencia con que un ataque rompe el grupo, pero hay otra más silenciosa que sucede en la ropa. En cómo evacúa el sudor un tejido después de cuatro horas bajo el sol. En la forma en que una costura deja de existir para evitar rozaduras. En unos centímetros extra de lycra que parecen insignificantes y sin embargo responden a horas de túnel de viento y conversaciones obsesivas sobre vatios. Paradójicamente, cuanto más avanza la tecnología, más invisible debe volverse.

Durante años, el discurso de las “ganancias marginales” pareció casi una extravagancia de laboratorio. Una idea asociada inevitablemente a Dave Brailsford y al antiguo Team Sky, aquel equipo que convirtió lo microscópico en método. Dormir mejor. Comer mejor. Engrasar mejor una cadena. Elegir mejor una prenda. Siete Tours de Francia en ocho años y doce victorias en grandes vueltas antes de 2021 demostraron que no era ningún capricho. Hoy, ese pensamiento forma parte del paisaje habitual del WorldTour, hasta el punto de que resulta difícil distinguir dónde termina el cuerpo del corredor y dónde empieza la ingeniería. La equipación que ha desarrollado la empresa murciana Gobik, junto al equipo Netcompany INEOS, nace exactamente en ese territorio.

El maillot que reduce el aire

El Reactive 2.0 no parece especialmente llamativo. En apariencia. Y quizá esa sea precisamente la idea. Las mangas hasta el codo incorporan una textura acanalada que busca alterar el flujo del aire sobre hombros y brazos, una de las zonas más expuestas cuando el cuerpo se pliega sobre la bicicleta. No es una decisión estética. Es aerodinámica aplicada a una superficie mínima, diseñada desde la lógica de quien no puede permitirse un segundo perdido por culpa de la tela.

También el patrón ha sido reducido al máximo. Menos costuras, menos puntos de fricción, menos elementos interrumpiendo el tejido. Una construcción adherida elimina las rozaduras prolongadas, ese desgaste acumulado que a partir del kilómetro cien empieza a ocupar más espacio mental del que debería. El resultado es un maillot de apenas 100 gramos en talla M que, aun así, está pensado para soportar etapas abrasivas de pleno verano: homologado hasta 35°C y con protección UPF 40+, evacúa el sudor con rapidez y nunca se convierte en un lastre. Más allá de las cifras, lo interesante aparece cuando uno piensa en lo que supone mantener cierta sensación de frescura después de horas de calor, sudor y polvo acumulado sobre la piel.

El culotte del kilómetro 200

Si el maillot trabaja sobre el exterior, el Lancer actúa desde adentro. En una época en la que muchos culottes parecen diseñados para llamar la atención antes que para que no se noten sobre la bicicleta, el modelo que Gobik ha desarrollado junto a Netcompany INEOS, y probado por sus mejores corredores, busca justamente lo contrario: ajustarse al cuerpo hasta convertirse en una segunda piel. La lycra de cuatro vías envuelve las piernas con una compresión muy contenida, sin sensación rígida ni puntos de presión excesivos. La pernera se ha alargado dos centímetros respecto al estándar de la marca, una modificación pequeña sobre el papel pero coherente con una tendencia que lleva años imponiéndose en el pelotón: culottes más largos, perfiles más limpios, menos interrupciones visuales y menos turbulencias.

Dentro aparece otro de esos detalles invisibles que sostienen una salida larga. La badana de Elastic Interface combina espumas de múltiples densidades con memoria elástica: soporte constante, mejora de la circulación sanguínea y alivio de la presión desde el kilómetro cero hasta el último repecho. En la parte trasera, un panel de ventilación mejora la transpiración y un bolsillo integrado aloja la radio, ese cordón umbilical que conecta al corredor con el director de carrera. Son conceptos técnicos que a menudo suenan abstractos hasta que pasan cinco horas y el cuerpo empieza a negociar consigo mismo.

La parte más inesperada llega con el grafeno. El material, famoso por su ligereza y resistencia, se integra en los tirantes y en la badana para mejorar la regulación térmica y reducir la acumulación de humedad, bacterias y olores. Dicho así parece ciencia ficción aplicada al ciclismo, aunque en realidad responde a algo mucho más simple: mantener el cuerpo estable durante más tiempo. Que el culotte no se empape. Que el tejido no pese de más. Que el calor no termine convirtiéndose en fatiga. El culotte pesa 170 gramos en talla M. Y seguirá pesando lo mismo en el kilómetro doscientos. Todo el conjunto está rematado con bordes cortados a láser y construcciones termoselladas que eliminan costuras innecesarias. Detalles pequeños que marcan la diferencia. Como casi todo en el ciclismo moderno.

Artículo publicado en VOLATA#50

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