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CAT 700, una travesía por el paisaje catalán

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Texto: Álvaro Rubio / Fotografía: Eliseu Climent | 04 Dec 2019

CAT 700, una travesía por el paisaje catalán

CAT 700, una travesía por el paisaje catalán

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Recorrer Catalunya en bicicleta de norte a sur de forma autosuficiente y con total libertad para realizar el recorrido. Así podría definirse, de forma muy sencilla, la Cat 700, una prueba pionera de bikepacking al sur de Europa. Las montañas del Valle de Aran, en el nacimiento del rio Garona, dan la bienvenida a los intrépidos ciclistas —50 como cupo máximo por motivos de seguridad y de control— que deciden iniciar una aventura que les llevará hasta las playas del Delta de l'Ebre. 

Los participantes deben superar los 700 kilómetros y 16.000 metros de desnivel positivo que separan los puntos de partida y llegada en un máximo de cinco días. A pesar de la dificultad, la Cat 700 se aleja del aura competitiva con el objetivo de ser una prueba para disfrutar del ciclismo aventurero. La experiencia humana, paisajística y territorial son pilares fundamentales sobre los que se basa la prueba. De esta forma, de cara al año 2020 —sexta edición de la carrera— Eliseu Climent, coorganizador de la prueba, ha impulsado una Cat 700_S de menor dificultad para aumentar, más si cabe, esa experiencia de periplo ciclista. 

Todas estas novedades podrán conocerse de primera mano el próximo jueves 12 de diciembre durante presentación oficial de la edición 2020 de la Cat 700 en VOLATA

Se trata de un viaje para disfrutar del paisaje catalán en todos sus ámbitos. Eliseu Climent la define como una travesía que permite deleitarse con una variedad de territorios y de diversidad paisajística difícil de repetir en otros lugares de la Península. “La singularidad de la Cat 700 está en el hecho de poder pedalear a más de 2000 metros de altitud y al cabo de un par de días rodar sobre un terreno arenoso en plena costa tarraconense”, enfatiza.

El aspecto que hace especial a la Cat 700 es que, a diferencia del resto de pruebas de similares características, los participante no portan un dorsal que los identifica por un número, ni tampoco la ya emblemáticas gorras corporativas con la numeración. Climent explica que este concepto fortalece aun más la experiencia humana de la carrera, ya que permite establecer relaciones que perduran más allá de la propia prueba: “Por una cuestión ética y estética la gente no lleva dorsal porque nos interesa hablar a los participantes por su nombre y no por un número”.

El carácter de la prueba, dejando a un lado la parte puramente competitiva, es otro de los elementos diferenciadores sobre el que se sostiene la Cat 700. Es cierto que se otorga libertad a los ciclistas, por lo que la forma de afrontar la prueba depende exclusivamente de cada participante, pero no forma parte de la filosofía mostrarse como una carrera de naturaleza competitiva. “Algunos buscan el reto deportivo como motivación y en cincuenta horas puedes completar los 700 kilómetros. Sin embargo, mucha gente utiliza los cuatro días y medio totales, tomándose la Cat 700 como una ruta para desconectar y descubrir nuevos territorios”, subraya el organizador.

Por ello, Eliseu Climent destaca que el relato y la narrativa de la Cat 700 evita utilizar el concepto de epicidad o heroicidad, ya que no forma parte de la personalidad de la prueba mostrar a los participantes como superhombres o supermujeres por tan solo el hecho de lograr finalizar la carrera. “Si vienes del mundo de la bicicleta sabes lo que es buscarte la vida para organizar tus rutas, por lo que no debes ser considerado más que una persona que hace sus salidas en solitario”, argumenta Climent.

La edición 2020 contará con una prueba hermana, la Cat 700_S. Esta carrera mantendrá el punto de inicio y de llegada, por lo que el Valle de Aran y el Delta del Ebro seguirán siendo protagonistas. Sin embargo, se trata de una prueba que se acerca más al sentido de viaje, ya que las cifras rondan los 550 kilómetros y los 9.000 metros de altitud. En este sentido, supone una prueba más rodadora y factible atravesando terrenos mucho más pedalables. “Surge después de recibir muchos imputs de participantes con la idea de que la gente que quiere iniciarse en el mundo del bikepacking, non-stop o travesías tenga la opción. Es un concepto diferente, pero que mantiene los elementos esenciales de la Cat 700 original”, destaca Climent. 

Los cambios y la evolución son dos conceptos que van de la mano de la Cat 700, pues cada año se han ido implementado pequeñas variaciones en el recorrido. El año pasado —quinto aniversario de la prueba— se produjo un giro contundente en la ruta con un cambio de casi el 50% del trayecto que se mantendrá en la edición del 2020. Además, uno de los puntales del relato de la Cat 700 es que los participantes sean capaces de comunicarse con el territorio, descubrir nuevos emplazamientos e investigar nuevos terrenos a través del viaje en bicicleta. 

Esta situación provoca que muchos de los ciclistas repitan cada año, por lo que Eliseu Climent recalca la idea de introducir cambios sustanciales para seguir sorprendiendo a los participantes y que su experiencia de viaje vaya en incremento. “Es una forma de agradecer la constancia, el esfuerzo y la pasión, por eso añadimos pequeñas novedades que diferencien cada edición”, narra el organizador. Conservar una coherencia en el recorrido supone una tarea laboriosa para que el transcurso de la prueba se aleje de las carreteras principales y fluya por caminos rurales, adentrándose en la belleza paisajística catalana. 

En definitiva, la Cat 700, y su hermana gemela, supone un viaje para los amantes de la bicicleta a través de Catalunya. Desde las montañas más elevadas en el Montsec y el Valle de Aran hasta la arena del Delta pasando por caminos rurales, paisaje de secano y de regadío o el Priorat. Una experiencia humana y ciclista que se unen en la prueba pionera en bikepacking en la Península Ibérica para disfrutar de la pasión por la bicicleta y la naturaleza. 

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Más información e inscripciones en: www.cat700.com