Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso.

Desdibujando fronteras - Orbea Pirineu Girona Challenge

SUSCRÍBETE

Texto: Redacción / Fotografía: Brazo de hierro | 30 Jul 2019

Desdibujando fronteras - Orbea Pirineu Girona Challenge

Desdibujando fronteras - Orbea Pirineu Girona Challenge

Compartir

Los Pirineos, que ejerecen de frontera natural entre Francia y España, están plagados de carreteras que superan puertos y valles que permiten circular libremente entre ambas vertientes. Detrás de cada camino trazado hay el esfuerzo del hombre para superar obstáculos orográficos y sociales. Con el desarrollo del ciclismo moderno, muchas de esas carreteras se han convertido en retos deportivos para eventos cicloturistas como la Orbea Pirineu Girona Challenge, de reciente creación, que ofrecen una interesante lectura transfronteriza si se indaga más allá del track.

Un buen diseño, la clave para una buena experiencia

Hace ya más de una década, que el ciclista y periodista Jordi Laparra se fijó en las rutas abiertas por los pastores trashumantes del Pirineo para elaborar las primeras guías en bicicleta de montaña que atravesaban la cordillera desde Hondarribia a Cadaqués, unos 1.125km que recorren todo tipo de pistas y que se convierten en la motivación de esa nueva forma de viajar ciclodeportiva. Las guías GTPC. Gran Travesía del Pirineo Catalán y GTPO. Gran Travesía del Pirineo Occidental (2014) fueron pioneras y todavía siguen vigentes como fuente de información para conocer el territorio. El periodista y escritor Ander Izagirre se fija precisamente en algunas de las carreteras y caminos de los Pirineos en su último libro, Pirenaica (GeoPlaneta, 2019). Es un libro que huele a Tour de Francia pero que también permite descubrir episodios bastante curiosos, como el que implica el Valle de Roncano que marca el camino de paso de las reses francesas para que puedan pastar en territorio navarro y que hace siete siglos que se escenifica con un ritual entre bearneses y roncaleses.

Son dos buenos ejemplos de cómo, cuando se eligen carreteras para diseñar un evento deportivo, como una marcha cicloturista, no sólo se elige un recorrido que responda a un determinado reto deportivo, sino que en esa elección viene implícito un legado cultural e histórico que puede enriquecer la experiencia. La manera en que el evento lo ponga en valor puede marcar la diferencia en el extenso calendario de marchas cicloturistas. Laparra, también colaborador en citas cicloturistas por etapas como la Transpyr, sabe que un buen diseño puede ser clave para el éxito de la convocatoria, especialmente en el Pirineo, donde parece que ya no hay rincones escondidos por descubrir. Sin embargo, siempre es posible conseguir una nueva mirada sobre el territorio.

El Pirineo ha actuado como frontera natural entre el continente europeo y la península ibérica, pero el hombre ha ido trazando caminos para superarla. Y esos caminos han ido jugando un papel determinante en diversos momentos de la historia contemporánea del sur de Europa, como el llamado “Camino del exilio”, una ruta de unos 6 kilómetros entre la pequeña población de La Vajol, en el Alt Empordà, y Les Illes, en el sur de Francia, que se convirtió en el camino de huida a pie de muchos republicanos en 1939. Ese recorrido, que supera el Coll de Lli y está bien señalizado, puede hacerse ahora en mountain bike.

No es un caso único, hay muchos puertos fronterizos desde Port Bou, en el norte de la Costa Brava, hasta Camprodón, que esconden su particular historia, como Balitres, Madeloc, Banyuls, El Perthus, Manrella, Costoja y Ares. “De hecho, se podría trazar una ruta que fuera cosiendo todo el Pirineo con mentalidad transfronteriza a través de todos los puertos que permiten ir cruzando de España a Francia y viceversa— comenta Laparra—. Además, si se quieren incluir en la ruta grandes cimas, no hay más remedio que ir cruzando la frontera”. Este espíritu es recogido por eventos deportivos que tienen lugar a lo largo y ancho de los Pirineos, como la marcha 3 Nacions, la Quebrantahuesos y la Irati Xtrem, en Euskadi, que es el evento pionero en este tipo de recorridos con un loop durísimo que entra y sale de Francia a lo largo de 128 kilómetros con ocho puertos en total a un lado y otro de la cordillera, con el Larrau como cima más alta. Ese tránsito, además, enriquece la experiencia gracias al contraste de paisajes: la vertiente norte siempre será más salvaje y con una vegetación más densa.

El Pirineo por etapas

Recogiendo el guante del legado de todos estos recorridos, Laparra ha estado involucrado en el diseño de la Orbea Pirineu Girona Challenge (5 y 6 de octubre 2019), una marcha de nueva creación que propone una ruta circular de dos etapas partiendo de Sarrià de Ter, localidad a 7 kilómetros al norte de Girona. Esta cicloturista nace después de la exitosa experiencia de la Orbea Cadí Challenge, que tras tres ediciones ha consolidado una propuesta cicloturista por etapas hasta ahora inédita, apostando por la próximidad limitando el número de ciclistas para poder circular en carreteras pequeñas. El recorrido de la Pirineu Girona prosigue hasta Cornellà de Terri y llega a territorio francés a través de carreteras secundarias entre Maçanet de Cabrenys y Costoja, y después vuelve a España por Prats de Molló para llegar a Camprodon.

 

"Lo diseñamos desde el punto de vista deportivo pero luego nos dimos cuenta de que el recorrido conecta con las rutas hacia el exilio durante la Guerra Civil, como el llamado 'El camino de la retirada' que pasa por Costoja", comenta el periodista. En total, las dos etapas suman casi 300km y 5.000m de desnivel. Conocer ese legado histórico a golpe de pedal y transitar por la zona sin tener en cuenta las fronteras que la naturaleza no ha contemplado nunca son algunos de los atractivos del recorrido.

En ese pedazo del sur de Francia también encontramos núcleos turísticos, como Ceret y Prats de Molló, que son villas de montaña que tienen centros históricos muy bien conservados. Sin embargo, si abrimos el foco, no dejan de ser pequeños oasis en una zona relativamente pobre y poco recurrente para el turismo masivo. La ruta propuesta por la Orbea Pirineu Girona Challenge además ofrece una novedad interesante, el Coll de Sous, un puerto casi inédito en las marchas cicloturistas, que está incluido en la primera de las etapas de la marcha. "Nos gustan esos retos nuevos —comenta Laparra— que te obligan a hacer un ciclismo un poco más lento porque el asfalto está en malas condiciones en algunos tramos. La consecuencia es que eso te permite gozar mucho mejor del paisaje e incluso del placer de rodar sobre la grava". En la segunda etapa, el pelotón circulará ya en su totalidad por territorio catalán y viajará desde Camprodon hasta Sarrià de Ter, donde superará la subida al santuario de Mare de Déu del Mont, que todos los ciclistas gerundenses han convertido en lugar de entrenamiento y peregrinación casi diaria.

Inscripciones e información: 

www.gironachallenge.com