Iskandar Hamawy Lopategi | 08 Jun 2026
Giro d'Italia Women: Vollering consigue su triplete
La noche anterior a la última etapa, el equipo FDJ-SUEZ se sentó a cenar en algún lugar entre los Alpes y la meta de Saluzzo. El director deportivo Lars Boom bromeó con que el día siguiente iba a ser largo. No era un farol. Sobre la mesa había un plan, y Demi Vollering sabía exactamente lo que valían sus cartas: dos ases en las piernas y un tercero en una mentalidad de campeona que lleva labrando toda su trayectoria profesional. A 49 segundos del maillot rosa, con Anna van der Breggen enrocada en el liderato, lo apostó todo a una sola mano.
"Hoy se trataba, pura y simplemente, de atreverse a perderlo todo", diría después en la meta. Antes de llegar a ese momento, en plena carrera, ya le había lanzado a Van der Breggen la frase que lo resumía todo: "Segundo o tercero no me cambia nada. Ahora te toca a ti." No era generosidad. Era la jugada. Y Van der Breggen, que había ganado cuatro veces en esta carrera y que conocía a Vollering mejor que nadie, no confió en sus cartas.
Así fue como Vollering ganó su primer Giro d'Italia Women y se convirtió en la segunda corredora de la historia en completar la Triple Corona: Tour de France Femmes, Vuelta Femenina y Giro d'Italia. La primera en consgeuirlo fue Annemiek van Vleuten en 2022. Son dos nombres, una lista muy corta, y un logro que sitúa a la neerlandesa en una dimensión distinta del ciclismo femenino.
Lo ganó en el último kilómetro de la última montaña, cuando ya casi lo había perdido. Y al otro lado de esa línea invisible estaba Van der Breggen: una mujer que volvió de la retirada para casi ganar su quinto Giro, que dominó la carrera durante cinco días con una solidez que parecía inapelable, y que volvió a ver cómo una Gran Vuelta se le escapaba en la última jornada. Como ya le ocurrió hace menos de un mes en la Vuelta, en las últimas rampas de L'Angliru frente a Paula Blasi. El ciclismo le ha reservado en Italia el mismo tipo de crueldad. Vollering apostó fuerte. Van der Breggen se quedó mirando sus cartas y un amargo tercer puesto de la general.
Sin embargo, ninguna partida se decide únicamente en la última mano. Antes del órdago de Saluzzo hubo quien fue acumulando fichas desde el primer día, aprovechando cada carta favorable que apareció sobre el tapete. Mientras las favoritas se vigilaban unas a otras, calculando riesgos y ocultando intenciones, Elisa Balsamo (Lidl-Trek) convirtió la primera semana del Giro en una exhibición de oportunismo y velocidad. No aspiraba a llevarse el gran bote de la general, pero durante varios días fue ella quien repartió las cartas.
Póker de ases para Balsamo
Mientras Vollering y Van der Breggen reservaban sus mejores naipes para la montaña, Balsamo se dedicó a ganar manos. La primera etapa la ganó Lorena Wiebes en un esprint impecable, pero la polémica descalificación por bicicleta fuera de reglamento —peso inferior al mínimo— otorgó la victoria a la piamontesa de Lidl-Trek, que se vistió de rosa sin haberlo buscado. "No es así como quería llevar el maillot rosa", dijo antes de la segunda etapa. Luego ganó esa etapa. Y la tercera. Y más adelante la sexta.
Cuatro victorias de etapa en una sola edición: un registro que en Italia no se veía desde Greta Zocca en 2001, y que solo Fabiana Luperini había alcanzado antes que ella. Balsamo se presentó en el Giro sin un solo triunfo en toda la temporada. Y se marchó como la ciclista más laureada de la prueba y con el maillot por puntos.
Sin embargo, el gran bote de la clasificación general se jugaba en otro tablero. Una en la que las cartas no se enseñaban en los esprints, sino en la montaña y contra el reloj, donde cada movimiento era una apuesta a largo plazo.
La mesa de las favoritas
La gran partida se empezó a jugar en la cuarta etapa, en la contrarreloj de 12,7 kilómetros con final en lo alto del Nevegal. Anna van der Breggen, treinta y seis años, cuatro Giros en el palmarés y tres años de pausa entre medias, firmó una cronoescalada estratosférica y aplastó a la campeona mundial contra el crono Marlen Reusser por un 1 minuto y 4 segundos. A Vollering, la gran favorita, le sacó un 1 minuto y diez.
El dato técnico no alcanza para describir lo que ocurrió. Van der Breggen regresó al pelotón profesional en 2025 después de retirarse en 2022, y pasó meses readaptándose a un ciclismo que había seguido girando sin ella. El Nevegal fue la confirmación de que el retorno no era sentimental sino competitivo. Con esa actuación vistió el maillot rosa por primera vez en cinco años, y lo defendió con una determinación increbrantable durante los cinco días siguientes.
No todas las favoritas llegaron a esta edición con las mismas cartas. Marlen Reusser, pese a su excelente cronoescalada, arrastraba todavía las consecuencias de la caída sufrida en el Tour de Flandes, que condicionó su mejor versión en la alta montaña.
Elisa Longo Borghini, por su parte, llegó al Giro en un momento difícil. Ella misma lo reconoció en la meta de Saluzzo: meses en los que ni el cuerpo ni la cabeza estaban donde debían estar. Y sin embargo atacó en cada etapa de montaña, se escapó en el descenso hacia Salice Terme con Persico, intentó la emboscada desde el Montoso en la última jornada y terminó ganando la etapa final en su tierra, a pocos kilómetros de casa, con el maillot de campeona de Italia. "Esta victoria es más que una victoria. Es un regreso", dijo al cruzar la línea.
El verdadero eje de la carrera se fue estrechando hacia un duelo cada vez más reconocible. Hasta 2024, Demi Vollering fue la gran baza de SD Worx y Anna van der Breggen su directora deportiva. Compartieron victorias, estrategias y, probablemente, demasiadas conversaciones sobre cómo ganar carreras. Cuando en 2025 Vollering fichó por FDJ-SUEZ, su salida dejó una tensión que el Giro terminó por exponer sin disimulo.
La dinámica entre maestra y alumna vertebró la carrera desde la quinta etapa, en los Dolomitas, donde Vollering atacó y Van der Breggen respondió cada vez con la misma sangre fría. En el Finestre, con la etapa recortada por el riesgo de avalancha, la escena se repitió: Vollering lanzó varios ataques en los últimos kilómetros de grava y Van der Breggen los neutralizó todos. Llegaron juntas a la meta, apenas separadas por 2 segundos.
La decisión quedó reservada para la última mano. Y fue tan táctica como física. Vollering se presentó en Saluzzo con una desventaja de 49 segundos frente a Van der Breggen sabiendo que necesitaba un movimiento distinto al ataque frontal. Lo encontró en Antonia Niedermaier: dejó ir a la alemana en el Montoso —junto a Longo Borghini y Fisher-Black—, permitió que abrieran más de 2 minutos sobre el pelotón y devolvió la presión a la carrera.
Van der Breggen no cerró el hueco. La ventaja de Niedermaier creció. Y cuando llegó el Colletto di Brondello, Vollering atacó en el último kilómetro de subida. "Tenía que intentar soltarla. Y en esa última subida lo di absolutamente todo. Fue la contrarreloj de mi vida."
Su compatriota no pudo seguirla. Vollering enlazó en solitario con el grupo de cabeza, sumó los segundos de bonificación del esprint intermedio y cruzó la meta con el maillot rosa. "Solo cuando la ventaja fue de 2 minutos me atreví a creerlo", dijo. "También porque tenía las piernas completamente acalambradas." Hoy se trataba, dijo, de atreverse a perderlo todo. Y funcionó.
La mano que no se jugó
Antonia Niedermaier fue la gran sorpresa de la carrera y, según se mire, también su gran incógnita. La alemana de Canyon-SRAM completó un Giro de una consistencia extraordinaria: siempre en el grupo de las mejores, siempre respondiendo cuando Vollering o Van der Breggen aceleraban. Un perfil constante, fiable, casi sin fisuras… pero también sin el gesto definitivo.
En la última etapa llegó su gran oportunidad. Tras el Montoso, atacó junto a Longo Borghini y Fisher-Black, abrió más de 2 minutos sobre las favoritas y se encontró, de pronto, con la partida en sus manos. El maillot rosa virtual fue suyo durante buena parte del día
Pero en esa mesa final no apostó todo lo que tenía. Con la ventaja abierta y Van der Breggen sin equipo detrás, una aceleración en el Colletto di Brondello habría obligado a las holandesas a jugar otra partida. No llegó. No quiso o no pudo. Optó por sostener lo conseguido, por proteger las ganancias acumuladas, por no arriesgar lo que parecía un segundo puesto seguro.
Vollering la alcanzó en el momento decisivo, sumó las bonificaciones del esprint intermedio y se lanzó hacia Saluzzo con el Giro de nuevo en el aire. Niedermaier acabó segunda, a 34 segundos. Un resultado excelente. Y, al mismo tiempo, la sensación de haber tenido el tapete abierto y haber decidido no empujar las fichas hasta el centro.
El Giro que pudo ser quedó en eso: en una mano que se enseñó… pero no se jugó del todo.
Al final, el Giro no fue un único juego, sino varias mesas abiertas al mismo tiempo. En unas se apostaron las etapas, las fugas y las rachas de velocidad; en la otra, más lenta y más implacable, se decidió la general. Hubo quien acumuló fichas desde el primer día, quien sostuvo su baza en la montaña, quien rozó el all-in en la última jornada y quien, teniendo la jugada en la mano, prefirió asegurar.
En ese tablero final, donde el margen era mínimo y cada decisión tenía consecuencias irreversibles,la diferencia no estuvo solo en los naipes de cada una, sino en cómo se jugó. Y en Saluzzo, cuando ya no quedaba nada por esconder, Vollering fue la única que decidió ir hasta el centro del tapete. Y por eso ganó.