Iskandar Hamawy Lopategi | 21 Apr 2026
La Flecha Valona Femenina: el imposible octavo de Anna van der Breggen
Hay carreras que se repiten; pocas ofrecen la posibilidad de reescribir su propia historia. La Flèche Wallonne Féminine 2026 se abre con una hipótesis improbable pero poderosa: Anna van der Breggen (SD Worx-Protime) puede convertirse en la única corredora en alcanzar las ocho victorias en Huy.
Su dominio entre 2015 y 2021 —siete triunfos consecutivos— no tiene equivalente en el ciclismo moderno. Ni siquiera en el masculino. Pero el contexto ahora es otro. A sus treinta y cinco años, regresa a un escenario que conoce como nadie, aunque lejos del nivel que le permitió convertir el Muro de Huy en territorio propio.
El miércoles 22 de abril, la Flèche Wallonne Féminine volverá a ser lo de siempre: 148,2 kilómetros, nueve cotas y un circuito final que aprieta hasta dejarlo todo en el Muro de Huy. No hay táctica que sobreviva intacta a ese diseño. Todo lo que no sea llegar con algo en las piernas se paga.
La primera parte del recorrido, con ascensos como Bohissau, Courrière o Durnal, actúa como una criba progresiva. No decide, pero condiciona. El desgaste se acumula sin estridencias hasta que la carrera entra en su fase reconocible: el circuito final de 37,2 kilómetros, que las corredoras afrontarán en dos ocasiones.
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Ahí, la estructura se cierra. Ereffe tensiona, Cherave selecciona y el Muro de Huy decide. Un encadenado que no deja espacio para la improvisación y que obliga a resolver la carrera en un esfuerzo concentrado, breve y extremo. El Muro, con sus 1,3 kilómetros al 9,6% de media y rampas cercanas al 20%, transforma la prueba en algo radicalmente distinto. No es una subida larga ni progresiva: es un esfuerzo al límite, donde cada pedalada expone lo que queda tras más de 140 kilómetros de desgaste.
La edición de 2025 fue un buen ejemplo. Entonces, la neerlandesa Puck Pieterse (Fenix-PremierTech) logró la victoria más importante de su palmarés en Huy tras imponerse a su compatriota Demi Vollering (FDJ-Suez) en los últimos metros de agonía.

Para 2026, el cartel vuelve a concentrar a las especialistas de este esfuerzo. Además de Vollering, Kasia Niewiadoma (Canyon//SRAM) y Pauline Ferrand-Prévot (Visma-Lease a Bike) lideran un grupo en el que también encaja de forma natural la propia Pieterse. Todas ellas ya conocen lo que es triunfar en esta carrera. A este grupo se suma la campeona del mundo Magdeleine Vallieres (EF Education-Oatly), que contará con la danesa Noemi Rüegg como escudera en un escenario que no admite concesiones.
Tampoco podemos descartar que Paula Blasi (UAE) vuelva a sorprender como hizo en la Amstel y sume una segunda clásica en las Ardenas, prueba que ya se adjudicó otra corredora nacional como Joane Somarriba en 2003. La catalana se estrena en la Flèche, aunque no en este tipo de esfuerzo: ya sabe lo que es medirse a un muro exigente como el de Kigali, donde logró la medalla de bronce mundialista en la prueba en ruta sub-23.
En medio de todo eso, Anna van der Breggen. No como favorita natural, sino como anomalía. La única que convirtió Huy en rutina… aunque ya no pueda dominarlo.

En una carrera que parece repetirse —mismo final, mismos nombres, mismo gesto— se impone casi de forma natural la idea del eterno retorno de Friedrich Nietzsche: todo vuelve. El Muro, el esfuerzo, las favoritas. Pero no exactamente igual. Porque entre esa repetición se abre una posibilidad distinta. La de Paula Blasi, que no responde a esa memoria acumulada, sino a una irrupción. A algo que no estaba previsto en el ciclo.
El octavo triunfo no es una opción. Es una hipótesis.
Y quizá Blasi esté a punto de poner en jaque la filosofía de Nietzsche.