Iskandar Hamawy Lopategi | 13 Apr 2026
Paul Seixas, 'jaun ta jabe' de la Itzulia 2026
En euskera, cuando alguien no tiene rival en una competición de cualquier índole se utiliza la expresión jaun ta jabe (señor y amo). Este giro idiomático define a la perfección la actuación de Paul Seixas en la Itzulia 2026, en la que el joven francés no ha tenido oposición desde el primer kilómetro y se ha adjudicado tres etapas y la clasificación general de la ronda vasca con más de 2 minutos de ventaja sobre el resto de sus perseguidores.
La de la Itzulia, conseguida el pasado sábado 11 de abril, es su segunda victoria profesional (tras la también reciente en la Faun-Ardèche Classic) para un corredor de diecinueve años que llegaba como promesa por su buen inicio de temporada, con un segundo puesto en la Strade-Bianche por detrás del todopoderoso Tadej Pogačar. El año pasado Seixas ya arrasó en el Tour de l'Avenir, y fue tercero en el Campeonato de Europa solo por detrás del esloveno actual Campeón del Mundo y de Remco Evenepoel.
Pero la Itzulia 2026 no solo ha encumbrado a Paul Seixas como dominador deportivo, sino que lo ha proyectado definitivamente como fenómeno mediático. Su irrupción, precoz y contundente, ha desbordado el marco de la carrera para instalarse en el centro del debate del ciclismo internacional. En Francia, su rendimiento ha activado comparaciones inevitables con el campeón esloveno, no tanto por el palmarés —aún incipiente— como por la forma de correr: ofensiva, desprejuiciada y ajena a cualquier jerarquía previa.

El impacto trasciende lo deportivo. La posibilidad de su participación en el Tour de Francia de este mismo año ha dejado de ser una hipótesis para convertirse en un debate de primer orden en el país vecino, donde medios y entorno ciclista discuten ya no si está preparado, sino si tiene sentido frenar su progresión. Preguntado por ello tras coronarse vencedor de la Itzulia en la entrevista con ETB, el francés del Decathlon CMA aseguró: "Después de la Lieja-Bastoña-Lieja, veremos". Pero está claro que no será una elección exenta de presiones externas.
La Itzulia, en ese contexto, ha funcionado como catalizador: no ha creado al corredor, pero sí ha amplificado su dimensión. Como ha declarado su director Cyrill Dessel: “Para él, este es un gran hito: se esperaba que fuera el único líder y respondió a la altura en el más alto nivel internacional. Un hito que marcará el inicio de su carrera”. Seixas ya no es solo una promesa. Es ya una realidad que condiciona el futuro inmediato del ciclismo mundial.
En ese proceso, además, subyace un componente histórico que refuerza aún más su irrupción. Con su título, Seixas logró la ventaja más amplia en la Itzulia desde 2002, cuando Aitor Osa le sacó 2'36'' a David Etxebarria. Además, es el campeón más joven de un evento World Tour desde que Pogačar se impuso en California 2019 y, por último, ha puesto fin a la sequía de casi dos décadas sin triunfos franceses en vueltas de una semana del máximo nivel, cuyo último precedente se remonta a Christophe Moreau en el Critérium du Dauphiné de 2007. Concretamente, el último galo que vistió la txapela de la Itzulia fue Laurent Jalabert en 1999. Una anomalía prolongada en el tiempo, marcada en muchos casos por la debilidad en la contrarreloj, que el propio Seixas quiso desmontar desde el primer día en Bilbao.
Hubo una época en la que la publicidad, con una lucidez poco frecuente, logró capturar el espíritu de toda una generación: jóvenes brillantes, sobradamente preparados y decididos a romper los moldes que otros les imponían. De aquel retrato nació el término JASP, una etiqueta que trascendió el anuncio para convertirse en símbolo cultural de su tiempo. Treinta años después, el lema vuelve a cobrar sentido en las carreteras vascas. La victoria de Paul Seixas no responde únicamente a su nivel, sino a una forma distinta de correr: agresiva, anticipada y ajena a cualquier lógica de espera. Ataca desde lejos, incluso cuando no es necesario, com en la última etapa de la ronda vasca, no como recurso táctico puntual, sino como patrón. Seixas representa esta nueva generación de ciclistas que no pide perdón ni permiso, que no espera su turno, que impone el suyo desde la acción y no desde la jerarquía.
Fotos: Sprint Cycling