La Vuelta 2026, etapa 17ª: Brennan tiene un color especial

Iskandar Hamawy Lopategi

9 septiembre, 2026

Crónica de la decimoséptima etapa de La Vuelta, entre Dos Hermanas y Sevilla, de 185 km.

Hay canciones que se quedan pegadas a una ciudad hasta convertirse casi en una forma de reconocerla. Sevilla tiene la suya. Sevilla tiene un color especial, cantaban Los del Río, y Matthew Brennan (Visma-Lease a Bike) acaba de encontrarle uno propio a esta Vuelta: el amarillo del ganador. El británico ha vuelto a imponerse en Sevilla, ha conseguido su quinta victoria de etapa y, de paso, ha dejado atrás un pequeño récord que hasta hoy pertenecía a Fernando Gaviria. El colombiano había ganado cuatro etapas en el Giro de Italia de 2017, en su debut en una gran vuelta. Brennan ya tiene cinco, y esta vez ni siquiera necesitó el lanzamiento habitual de Wout Van Aert para firmarla.

«Esta mañana hablamos del esprint de Sevilla en La Vuelta 24 y de lo que salió mal para Wout, que fue segundo aquel día. No queríamos que eso se repitiera hoy. Queríamos cruzar la meta en primer lugar y lo conseguimos», explicó el británico después de la llegada. Y es que esta vez fue Magnus Cort (Uno-X Mobility) quien lanzó el esprint desde delante y Brennan quien se aprovechó de su rueda para imponerse bajo la Torre del Oro con la manita levantada y lograr la séptima victoria de etapa para Visma-Lease a Bike en esta ronda. Finalmente, Jordi Meeus (Red Bull-Bora-Hansgrohe) acabaría también por robarle el segundo puesto al campeón danés.

La historia de esta etapa, sin embargo, empezó mucho antes del esprint, en la salida de Dos Hermanas rumbo a los 185 kilómetros llanos que separaban la localidad sevillana de la meta en la ciudad, un trazado que forma parte de La Vuelta desde su primera edición, en 1935. Apenas habían pasado 2 kilómetros cuando Enzo Paleni (Groupama-FDJ United), Fredrik Dversnes (Uno-X Mobility) y Sinuhé Fernández (Burgos-Burpellet-BH) decidieron que la carretera podía ser un lugar mejor que el pelotón. Dversnes acabaría descolgándose de aquella primera tentativa, pero Paleni y Sinuhé encontraron pronto la compañía suficiente para desaparecer de la vista de los demás.

Para Sinuhé era la sexta fuga en diecisiete días. Hay corredores que parecen perseguir una victoria; él parece perseguir la fuga. Los escapados llegaron a disfrutar de más de cinco minutos. Pero ahí estaba Visma-Lease a Bike, que había asumido el control del pelotón antes de llegar al ecuador de etapa con el mismo plan que ya había ejecutado camino de La Rábida: neutralización, lanzamiento de Van Aert, esprint de Brennan. Cuando el equipo decidió que había llegado la hora, la fuga empezó a perder terreno con la inexorabilidad de un reloj.

A 15 kilómetros de Sevilla, Paleni atacó. Sinuhé ya no pudo seguirle. El francés se marchó solo mientras el Burgos-Burpellet-BH veía cómo se deshacía otra de las aventuras de su incansable asturiano. Paleni todavía tenía 35 segundos a 10 kilómetros, 28» a falta de 8, 18» a 6… Durante unos minutos pudo imaginar que aquella carretera ancha hacia Sevilla quizá tuviera reservado otro final.

No lo tenía. Visma se puso a rodar en cabeza. Cofidis también, con Bryan Coquard estirando cada bala que le quedaba en la recámara, no ya por alcanzar a Paleni —neutralizado por el pelotóna solo 3 km de meta—, sino por asegurarse un tercer puesto que finalmente perdería en el esprint que monopolizó Brennan.

Y quizá Sevilla, hoy, tenga el color de Brennan y no el de la canción.

A partir de mañana, la fiesta de la velocidad se acaba. La Vuelta guarda los abanicos y saca los cronómetros: toca contrarreloj antes de que vuelva la montaña.