Malta, la isla que embrujó a Ulises

Iskandar Hamawy Lopategi

24 septiembre, 2026

Descubrimos el potencial cicloturista de uno de los archipiélagos con más historia de Europa y que, además, tiene una estrecha relación con el ciclismo profesional ya que VisitMalta se incorporó como patrocinador del equipo Polti Visit Malta en 2022 y desde 2025 es el copatrocinador principal.

Cuenta el poeta Homero que Calipso retuvo a Ulises durante siete años en la isla de Ogigia, y que ni las promesas de inmortalidad bastaron para que el griego olvidara su rumbo. La tradición sitúa esa prisión dorada en la isla maltesa de Gozo, junto a una cueva que hoy lleva su nombre. El ciclista que desembarca en el archipiélago maltés con intención de pasar de largo corre un riesgo parecido: quedarse más de la cuenta. Con 8.500 años de historia comprimidos en 316 kilómetros cuadrados repartidos entre las islas de Malta, Gozo y Comino, este país del sur de Europa ofrece un terreno insólito para el cicloturismo, entre templos megalíticos anteriores a las pirámides de Egipto, acantilados de caliza y calas de agua turquesa que aparecen sin previo aviso al final de cada bajada.

Estos son algunos de los atractivos naturales e históricos de un destino vinculado al ciclismo profesional a través de la esponsorización del organismo Visit Malta al equipo italiano Polti Visit Malta —en 2022 se incorporó como patrocinador y desde 2025 es copatrocinador principal— lo que nos ha permitido a los aficionados acercarnos y conocer un territorio que tiene mucho que ofrecer en cada pedalada y para disciplinas como el mountain bike, gravel y e-bike.

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Malta cuenta con el programa SIBIT (Sustainable Interregional Bike Tourism), que conecta sobre dos ruedas los principales atractivos mediante carreteras secundarias de tráfico escaso, del que en este artículo os recomendamos varios itinerarios. Viajar hasta Malta es sencillo gracias a los vuelos regulares dese España (vuelos directos desde Madrid o con conexión desde otros aeropuertos) con la compañía KM Malta Airlines.

La temporada ideal para pedalear va de octubre a mayo: primavera, otoño e invierno regalan temperaturas suaves y luz limpia, aunque el verano también puede ser propicio para alguna escapada. También es posible viajar sin bicicleta, ya que varias empresas locales de Malta y Gozo ofrecen distintos tipos de bicicletas de alquiler, incluidas eléctricas, especialmente útiles en las rampas hacia Mdina o la Ciudadela de Victoria.

Malta: dos rutas para descubrir toda la isla

La isla principal, Malta, ofrece dos rutas que rara vez coinciden en el mapa mental del visitante, aunque comparten origen y destino cercanos y pueden enlazarse en una misma escapada de varios días.

La ruta del Suroeste arranca en Rabat, junto a las catacumbas de San Pablo, y suma 27 kilómetros de asfalto sobre más de ocho milenios de historia que pueden recorrerse en 2 horas. El trazado atraviesa varios pueblos antes de detenerse en los templos megalíticos de Hagar Qim y Mnajdra, estructuras de caliza anteriores a las pirámides de Egipto, orientadas con tal precisión que el sol de los solsticios ilumina sus pasillos interiores como si el tiempo no hubiera pasado. Un poco más adelante aguardan los jardines de Buskett, plantados en tiempos de los Caballeros de la Orden de Malta como coto de caza y hoy el único bosque frondoso de un país por lo demás árido, y los acantilados de Dingli, los más altos del archipiélago, donde el Mediterráneo se despliega sin obstáculos hasta el horizonte. El itinerario se cierra junto a la Gruta Azul (Blue Grotto), una sucesión de cavidades marinas que cambian de tono según la hora del día, del cobalto al esmeralda, y que conviene visitar a primera hora, antes de que lleguen las barcas turísticas.

La ruta del Noroeste, en cambio, propone una Malta rural y menos fotografiada, la que sobrevive lejos de las postales de La Valetta. Nace en Mdina, la antigua capital amurallada conocida como la Ciudad Silenciosa por la prohibición de circular en coche dentro de sus murallas, y recorre ocho pueblos y aldeas, entre ellos Mgarr, con su iglesia de cúpula desproporcionada para el tamaño del caserío, antes de volver a cruzar los acantilados de Dingli y detenerse en Mosta, cuya basílica de cúpula monumental, una de las más grandes de Europa, sobrevivió intacta a una bomba alemana que atravesó el techo en plena misa de 1942 sin llegar a estallar. El camino desemboca en tres playas encadenadas, Golden Bay, Gnejna y Ghajn Tuffieha, y conviene guardar fuerzas para un último baño antes de volver sobre las ruedas.

Ninguna ruta esconde grandes puertos: predomina el asfalto llano, con rampas puntuales hacia Dingli que se vuelven tierra cerca de los yacimientos. El tráfico, denso en La Valetta, se dispersa fuera de la capital, aunque conducir por la izquierda, herencia colonial británica, exige atención al principio. Ambos itinerarios piden parada de repostaje: el pastizzi, hojaldre de ricotta o guisantes, y el ftira, pan plano con atún, alcaparras y tomate seco, combustible habitual del ciclista maltés.

Gozar del ciclismo en Gozo

Cruzar el canal hacia Gozo es cambiar de escala sin cambiar de archipiélago. El ferry une Cirkewwa, al norte de Malta, con Mgarr: son 25 minutos de agradable travesía, con las dos ruedas amarradas en cubierta. El SIBIT trazó aquí una tercera ruta, un circuito costero que rodea la isla partiendo de Mgarr, recomendable en sentido antihorario para tener el mar a mano izquierda.

La salida está en Għajnsielem, junto al muelle de los ferris. El camino sube hacia Qala, entre colinas de roca, y baja a Ħondoq ir-Rummien, célebre por sus cuevas de agua transparente. En la meseta oriental aparece Nadur, el segundo núcleo de población de Gozo, conocido por sus panaderías, donde conviene parar a repostar antes del siguiente tramo.

La ruta gira hacia Xagħra, donde los templos de Ggantija —levantados entre el 3600 y el 3200 a.C., entre las construcciones de piedra más antiguas del planeta— aguardan a dos kilómetros. Desde Xagħra merece un desvío la bahía de Ramla, de arena rojiza, sobre la que se abre la Cueva de Calipso; el pueblo tiene además su Xagħra Heritage Trail (13,3 km, 290 m de desnivel), con el molino de Ta’ Kola y un círculo de piedra prehistórico.

El itinerario sigue hacia Marsalforn, turística y animada, y sube a Żebbuġ. Su nombre significa “olivos” y recuerda los antiguos olivares de la zona; actualmente, la localidad también es conocida por su encaje artesanal. Cerca, en Xwejni, hay salinas talladas en la roca con más de 350 años de actividad. El siguiente tramo lleva a Għasri, con el faro de Giordan, construido en 1853, y alcanza el punto más occidental en Għarb, junto a Ta’ Dbieġi, el punto más alto de la isla. Después baja a San Lawrenz, vecino de Dwejra, célebre por sus formaciones rocosas y escenario de ‘Juego de Tronos’; su Ventana Azul se desplomó en una tormenta de 2017, pero sigue en pie la Roca del Hongo, buen mirador de atardecer. Desde la bahía sale una excursión en barca al Mar Interior, laguna cuya salida al mar es un túnel de cien metros excavado por la erosión.

Tierra adentro espera Kerċem, en el valle de Lunzjata, habitado sin interrupción desde hace casi 7.000 años, con restos romanos y catacumbas. La ruta desemboca en Victoria —también llamada Rabat—, coronada por la Ciudadela fortificada, con panorámica de 360 grados y, tras sus murallas, la Catedral de la Asunción de la Virgen María, de fachada barroca; las calles empedradas del casco antiguo invitan a bajarse de la bicicleta.

Antes de cerrar el círculo, el camino pasa por Sannat, con vistas a Malta al fondo del canal, y por Xewkija, cuya Rotonda de San Juan Bautista luce una de las cúpulas más grandes de Europa. El circuito termina donde empezó, frente al puerto de Mgarr, con la sensación de haber recorrido en un solo día siete milenios de historia.

Las carreteras gocitanas son, en general, más tranquilas que las de la isla principal, y su relieve más quebrado ofrece además sendas de montaña para quien busque algo más técnico que el asfalto. Para descansar de la etapa, nada sustituye a una farmhouse, antigua granja reconvertida en alojamiento rural, con paredes de piedra caliza gruesa que mantienen fresco el interior incluso en los días más calurosos, y a una cena a base de gbejna, el queso tradicional local y curado al sol sobre esteras de caña, elaborado principalmente con leche de oveja, aunque también puede hacerse con leche de cabra, acompañado de vino tinto que se cultiva en las laderas del oeste de la isla desde tiempos de los fenicios. Y quien se detuvo antes en la bahía de Ramla, frente a la cueva donde Calipso retuvo a Ulises durante siete años, entiende ya, aunque sea por un instante, por qué le costó tanto marcharse.

La recomendación, tras recorrer las dos islas, es simple: no llevar prisa. El archipiélago maltés tiene fama de retener a quien lo visita; al héroe griego lo secuestró siete años, y la reputación sigue bien ganada.

Más información en www.visitmalta.com