El ciclocross cruza el charco

El ciclocross cruza el charco

 

La globalización del deporte siempre ha sido una obsesión para los dirigentes del ciclismo. Esta obsesión llegó a niveles extremos con la creación de la empresa Global Cycling Promotions, gestionada por la propia Unión Ciclista Internacional con el objetivo de desarrollar carreras en mercados potenciales, y que estuvo activa entre los años 2009 y 2015. En ese tiempo, solamente se logró organizar el Tour de Pekín entre los años 2011 y 2014, y aunque intentaron lanzar otra carrera en China como el anunciado Tour de Hanzhgou, la carrera no logró ser una realidad ni en 2012 ni en 2013.

El entonces presidente de la UCI, Pat McQuaid, tenía especial interés en lograr tener carreras de primera categoría en países como Brasil, India o Rusia, pero ningún proyecto estuvo cerca de hacerse realidad. Con una sola carrera organizada, colocada a dedo en el calendario WorldTour en octubre con voluntad de ser decisiva pero siempre ahogada entre polémicas por la polución, los costes de desplazamiento y trabas burocráticas, Global Cycling Promotions desapareció.

El equilibrio de intereses en esas maniobras de globalización siempre es delicado. Si bien es cierto que el deporte en global puede tener a la larga beneficios con el crecimiento en nuevos mercados, los actores del circo leen la situación desde una perspectiva distinta. En el caso de carreras de primera división a las que los equipos de esa primera línea tienen la obligación de participar, la cara desagradable se esconde en el hecho que son esos equipos quienes tienen que asumir los costes de traslados y viajes, mucho más grandes que en carreras europeas, y además en países donde los patrocinadores de los equipos no suelen tener ningún interés comercial. "Pobres equipos, pagando para ser vendidos", se lamentaba el mánager del actual Etixx-Quick Step Patrick Lefevere cuando se anunció la intención de realizar esas dos carreras en China.

 

Algo parecido está pasando con el ciclocross, una modalidad ultralocalizada en el Benelux, el único lugar del mundo donde cuenta con una estructura de carreras y equipos realmente profesional, y que está tratando de entrar en el mercado americano. En esta temporada 2016/17, se ha dado un paso más allá con la celebración de las dos primeras mangas de la Copa del Mundo de la disciplina en Estados Unidos: el primero, el CrossVegas de Las Vegas, y con la novedad del Jingle Cross de Iowa, que sustituyó el plan inicial de hacer una prueba en Montréal (Canadá). Entre ellas, solamente tres días de diferencia y 22 horas de traslado por carretera. ¿Una inversión realista?

No han sido demasiadas las ausencias en el inicio de temporada americano. Los neerlandeses Mathieu Van der Poel, campeón del mundo en 2015, y Lars Van der Haar, actual campeón de Eruopa y subcampeón mundial, han excusado su ausencia al estar recuperándose de problemas físicos. Los demás, a pesar de aceptar el tour a regañadientes y de haber aparecido varios reportajes negativos en la prensa belga, han competido en Estados Unidos a un alto nivel. El campeón del mundo, Wout Van Aert (Crelan-Vastgoedservice), ganador de las dos pruebas, aprovechó el viaje para disputar también una de las pruebas organizadas por la marca de bicicletas Trek en Waterloo unos días antes. También ganó.

El joven Van Aert, que acaba de cumplir los 22 años, no es un extraño en el calendario norteamericano. Tras sus tres victorias, recordó que ya había participado en el CrossVegas –disputado de noche, en un recorrido donde el césped y los obstáculos son protagonistas– desde el año 2013, cuando todavía no pertenecía a la Copa del Mundo. Aquel año, el Mundial de ciclocross se disputó el Louisville. El CrossVegas en concreto se disputa desde el año 2007, por lo que ha celebrado ya su décima edición. Referentes como el recién retirado Sven Nys allanaron el camino con viajes para competir al otro lado del charco cuando todavía no había el reconocimiento en cuanto a categoría de las pruebas.

 

Esta vez, han viajado más estrellas que nunca dada la presencia de dos Copas del Mundo consecutivo. Un reto logístico para la mayoría de equipos, con una estructura y una visión comercial pensada en el centro de Europa. El equipo Marlux-Napoleon Games explicó a la web CyclingTips lo que les había costado el viaje: 25.000 euros para hacer competir dos horas a Kevin Pauwels y los hermanos Michael y Dieter Vanthourenhout, acompañados del director Danny De Bie, un mecánico, un soigneur y el jefe de prensa. Y, por supuesto, seis bicicletas. "Empaquetar todo el material me trajo dos días enteros", comentó el mecánico Bart Risbourg. John Meehan, director del Jingle Cross, explicó que contrataron un camión para llevar material gratuitamente desde Las Vegas hasta Iowa, acorde con la previsión que les hicieron llegar los equipos vía UCI.

Además, todos los comentarios sobre la nueva prueba han sido más que positivos. Sobre la afición americana, entregada, y sobre el circuito, a diferencia del CrossVegas, embarrado, técnico y con una subida, llamada Munt Krumpit, que ha sido comparada con el Koppenbergcross de Oudenaarde y otras subidas míticas del ya consolidadísimo calendario europeo. El ausente Mathieu Van der Poel ya ha abierto en público la propuesta de que preferiría hacer un mes americano, añadiendo también con alguna prueba del Superprestige o los otros torneos europeos, además de la Copa del Mundo. Una propuesta seguramente no muy lejana ante la importancia que muchos responsables del ciclismo dan a que el ciclocross cruce definitivamente el charco, siguiendo la estela de las grandes marcas de bicicletas.

 

 

 

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