Vía Turín. Etapa 9: Radda in Chianti - Greve in Chianti

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Borja Barbesà | 14 May 2016

Vía Turín. Etapa 9: Radda in Chianti - Greve in Chianti

Vía Turín. Etapa 9: Radda in Chianti - Greve in Chianti

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Que la escala del perfil no engañe: las pendientes de la contrarreloj larga de este Giro no son nada del otro mundo, perfectamente asumibles para los especialistas. Mayor dificultad entrañará el trazado revirado y algo técnico: los corredores más rodadores echarán de menos rectas largas en las que demostrar su superioridad a los escaladores puros.

Apuesta conservadora: Tom Dumoulin
Apuesta arriesgada: Tanel Kangert

Si ayer hablábamos de la predilección creciente del Giro por meter tramos de tierra, hoy hay que hacer notar que la carrera le está cogiendo el gusto a las contrarrelojes vitivinícolas. En 2014, la cronometrada larga unía Barbaresco y Barolo, dos pueblos piamonteses con proyección internacional gracias a sus vinos, y el año pasado Kiryienka destrozó el reloj en el Véneto, al paso por Conegliano y camino de Valdobbiadene, el centro del mundo en lo que refiere a la producción del célebre prosecco. Esta vez toca visitar las colinas del Chianti, núcleo duro de la elaboración del vino del mismo nombre en una etapa que transcurre por dos de las tres poblaciones pioneras en esta historia: Radda in Chianti y Castellina in Chianti. La tercera, Gaiole in Chianti, queda a poco más de 10 kilómetros de la salida.

En un país con la riqueza vitivinícola como Italia puede que no sea muy difícil visitar a menudo comarcas especialmente relevantes en este sentido, pero no hay duda que saben muy bien por qué lo hacen, no es casual. El ciclismo, desde que introdujo el elemento televisivo, tiene un potencial tremendo como divulgador de paisajes, de territorios, ya sea salvajes o domesticados con mayor o menor fortuna por el paso de la civilización. No es nada nuevo, se ha hablado mucho de su vertiente como instrumento de promoción turística y por este mismo motivo las administraciones invierten dinero en acoger una carrera de prestigio. El hecho de frecuentar estas zonas en etapas contrarreloj puede ser casual, pero no parece muy rebuscado pensar que se valoran más rentables para el territorio: la cámara vuelve una y otra vez sobre la misma ruta, siguiendo a los corredores más relevantes de uno a uno.

Volviendo a este rincón, a caballo de las provincias de Florencia y Siena, aun quienes no sientan especial interés por el vino, fácilmente quedarán seducidos por su paisaje, que trasciende la vid. También está la arquitectura asociada y los cipreses. Ah, los cipreses toscanos, a la vez un elemento sintáctico, por su papel de ordenación y contención del paisaje, y semántico, con su figura esbelta apuntando al cielo que los convierte en los árboles con mejor rima con la arquitectura religiosa rural. Y si no, siempre quedará la buena mesa. Más allá de los tintos más famosos de Italia, también es tierra de embutidos. En Greve in Chianti, por ejemplo, en la triangular Piazza Matteotti encontramos un establecimiento de más de doscientos años de singladura, la Antica Macelleria Falorni, una carnicería abierta en 1806 que ha evolucionado hacia una selección de productos más transversal y que cuenta con un bistró donde probar, entre muchas otras delícias, la especialidad histórica de la casa, el salami.

¿Se han dado cuenta que hemos tenido que llegar a la novena etapa —la sexta en territorio italiano— para hallar la primera referencia a la comida? No saben cómo me ha costado rehuir la tentación. Mañana, segunda jornada de descanso.