Vía Turín. Etapa 3: Nijmegen-Arnhem

Vía Turín. Etapa 3: Nijmegen-Arnhem

Segunda etapa llana consecutiva, en la que el ganador de ayer querrá aprovechar la dinámica ganadora recién inaugurada. Si hay viento, habrá tensión, pues el recorrido prácticamente circular hará que en un momento u otro afecte al pelotón.

Apuesta conservadora: Marcel Kittel
Apuesta arriesgada: Caleb Ewan

 

Esto no suele ser muy habitual. La tercera y última jornada por tierras holandesas es un viaje de vuelta hacia donde partió la anterior etapa, si bien recorre carreteras distintas. Si ayer sábado salíamos de Arnhem para llegar a Nijmegen, hoy domingo se sale de Nijmegen para llegar a Arnhem. Una etapa casi duplicada de la anterior, y con muchas pruebas de ello. Veámoslas. Ayer la ruta proponía una sola colina, una sola cota puntuable, ¿verdad? Pues hoy también. Donde ayer había un Berg En Dal con una pendiente máxima del 12%, sobre los dos tercios de etapa, hoy hay un Posbank… ¡también con una rampa breve que llega al 12%! ¿Qué teníamos al llegar a Nijmegen? ¿Dos vueltas a un circuito urbano antes de cruzar la meta definitivamente? Pues hoy más de lo mismo en Arnhem, no se vayan a pelear los alcaldes. Más equilibrios para esta balanza: a los futboleros, la ciudad que acogía ayer el final les sonaba por su equipo de futbol, un clásico de la franja modesta de la Eredivisie. Pues hoy también. En el Vitesse, el club de Arnhem, la rompía Roy Makaay antes de dar el salto a España, donde siguió hinchándose a goles en Tenerife y A Coruña.

Todas estas coincidencias no demasiado casuales convierten a ambas etapas, si las situamos de lado, en una falsa fotocopia, en una aparente repetición con un elemento que no encaja: las referencias toponímicas. Todo ello, que casi parece un pasatiempo visual, un juego de las siete diferencias quizás es un homenaje velado, bizarramente rebuscado, a uno de los artistas que sacó más punta a las ilusiones ópticas y que, mira por donde, residió en Arnhem durante su juventud: Maurits Cornelis Escher, el famoso artífice de las figuras y espacios imposibles, teselados, juegos geométricos que han impactado en multitud de artistas, diseñadores e incluso cineastas posteriores.

Cambiando de tercio, pero solo un poco, a la geometría apelaba Aldous Huxley para explicar su predilección por esta planicie extrema neerlandesa que puede llegar a poner nervioso a más de un aficionado con ansias de puertos de montaña. El escritor británico cuenta en el espléndido volumen Along The Road (si leen en catalán, háganse con la traducción de Rafael Tasis que publicó Adesiara) que tiene debilidad por la geometría plana y que “una vuelta por estas tierras es una vuelta a través de los primeros libros de Euclides”. En plena hipérbole, Huxley explica que el paisaje geométrico le embriaga y hace que el demonio del cálculo posea su pensamiento. Y en esta fiebre también hay lugar para lo ciclístico: “A veces uno pasa junto a unos cuantos seres humanos, deplorablemente fuera de lugar, pero que hacen cuanto pueden, generalmente, para compensar su apariencia antigeométrica yendo en bicicleta. Las ruedas circulares sugieren una variedad de nuevos teoremas y una nueva tarea para el demonio del cálculo.”

Al final del día, al pelotón del Giro no le queda más remedio que dejar al autor de Un mundo feliz con su salvaje posesión calculadora y volar al sur de Italia para retomar la carrera. Pero eso será el martes. Mañana, jornada de descanso.

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