Nueve etapas, cuatro maillots amarillos distintos y dos etapas finales marcadas por la batalla entre Demi Vollering y Kasia Niewiadoma-Phinney. El Tour de Francia Femmes avec Zwift 2026 ha sido, probablemente, la edición más impredecible desde que la carrera recuperó su lugar en el calendario. Pero más allá del resultado final, esta ronda ha dejado un relato mucho más amplio: el de un deporte que crece a pasos agigantados. Repasamos los diez puntos clave que explican este Tour de Francia y, de paso, hacia dónde camina el ciclismo femenino.
1. Un Tour en el que el guion cambió cada día
Pocas veces una gran vuelta ha vivido tantos cambios de líder y tantos giros inesperados como esta quinta edición del Tour de Francia Femmes. Sigrid Haugset sorprendió vistiendo el primer maillot amarillo para Uno-X Mobility. Marlen Reusser cumplió el «Proyecto Dijon» y se hizo con el liderato tras la contrarreloj. Kasia Niewiadoma asaltó el Tour en el Mont Ventoux con una de las mejores actuaciones de su carrera. Y apenas veinticuatro horas después, Demi Vollering le arrebató el amarillo para acabar conquistando la clasificación general. Ningún resultado parecía definitivo y cada jornada obligaba a reescribir la carrera. Un Tour que confirmó que, hasta que no se cruza la última meta, no hay absolutamente nada decidido.
2. La contrarreloj fue decisiva… pero no definitiva
La incorporación de una contrarreloj individual en la quinta etapa fue uno de los grandes aciertos deportivos de esta edición. Los 21 kilómetros de Dijon establecieron el primer gran filtro entre las aspirantes a la clasificación general y empezaron a dibujar las verdaderas jerarquías del Tour.
Marlen Reusser, vigente campeona del mundo de la especialidad, cumplió el objetivo para el que llevaba meses preparándose y conquistó el maillot amarillo gracias al llamado «Proyecto Dijon». También fue una jornada muy dura para algunas de sus principales rivales. Elisa Longo Borghini cedió un tiempo muy valioso, mientras que Pauline Ferrand-Prévot perdió más de dos minutos y comprometió buena parte de sus opciones de revalidar el título.
Sin embargo, la montaña terminó demostrando que una contrarreloj puede decidir muchas cosas, pero no necesariamente el Tour. Reusser salió de Dijon como líder, pero sabía que el verdadero examen todavía estaba por llegar. La experiencia invita a pensar que el Tour debería mantener esta apuesta en futuras ediciones: la contrarreloj añade una dimensión competitiva que enriquece enormemente la carrera.

3. El Mont Ventoux ya forma parte de la historia del Tour de Francia Femenino
Había muchas expectativas alrededor de la primera llegada al Mont Ventoux y la etapa respondió a todas ellas. Kasia Niewiadoma firmó una ascensión extraordinaria, estableciendo el mejor registro femenino conocido en la subida —aunque todavía no figure oficialmente en Strava— y construyendo una de las victorias más importantes de su carrera.
Fue el día en que Pauline Ferrand-Prévot dijo prácticamente adiós a sus aspiraciones de repetir triunfo. También el día en que Marlen Reusser demostró que podía defenderse en la alta montaña. Pero, sobre todo, fue la jornada que confirmó que el nivel del ciclismo femenino sigue creciendo a pasos agigantados.
Después de la etapa, la propia Niewiadoma confesó que había sido «el mejor día de mi vida como ciclista». Y no era para menos: el Ventoux ya forma parte de la historia del Tour de Francia Femmes.
4. La mente también gana carreras
Si hubo un concepto que apareció repetidamente durante este Tour fue el de la preparación mental. Kasia Niewiadoma explicó que durante la subida al Mont Ventoux —y también durante la contrarreloj— fue repitiéndose una frase que había trabajado durante meses con su entrenador: «Mantén la calma para ir más rápido». Ese mantra terminó acompañando una de las actuaciones más brillantes de su trayectoria.
Pero la psicología apareció mucho más allá del Ventoux. También estuvo presente en la gestión de la presión mediática alrededor del UAE Team L’Imad y del papel que debía desempeñar Paula Blasi en su debut en el Tour. O en la manera en que los equipos intentan proteger a sus corredoras del ruido exterior.
La propia Demi Vollering denunció públicamente los insultos y amenazas que recibió su compañera Célia Gery en redes sociales después de la polémica vivida en la octava etapa con Kasia Niewiadoma. Gestionar esa presión, igual que gestionar una derrota o una situación inesperada durante la carrera, forma ya parte del rendimiento deportivo. El ciclismo femenino no solo evoluciona físicamente; también lo hace en la forma de preparar la competición.
5. El calor ya es un rival más
Al igual que ocurrió hace unas semanas en el Tour masculino, las altas temperaturas volvieron a convertirse en uno de los grandes protagonistas de la carrera. En varias etapas las corredoras compitieron con temperaturas cercanas a los 35 y 36 grados, y con sensaciones térmicas que rozaban los 40.
Especialmente durante los primeros días, antes de que el organismo pudiera adaptarse, muchas ciclistas reconocieron que el calor había condicionado completamente su rendimiento. La hidratación, la alimentación y la refrigeración pasaron a ocupar un papel todavía más importante, hasta el punto de flexibilizar nuevamente la normativa de avituallamiento durante la carrera.
Todo apunta a que el heat training dejará de ser una preparación específica para convertirse en un elemento imprescindible de cara a las grandes vueltas del futuro. Curiosamente, mientras en el Tour masculino se abrió el debate sobre la idoneidad de las fechas de la carrera, en el Tour femenino esa discusión apenas apareció. El calor estuvo presente cada día, pero el foco se puso casi exclusivamente en cómo las corredoras y los equipos aprendían a convivir con él.

6. Un triunfo histórico para el ciclismo francés
Por primera vez en la historia del Tour de Francia Femmes avec Zwift, un equipo francés se ha llevado la clasificación general. El FDJ United-Suez lo hizo con una ejecución de manual: además de las dos victorias de etapa de Demi Vollering, el equipo demostró en las dos etapa de Niza una capacidad de trabajo colectivo que pocos equipos pudieron igualar. Que el amarillo llegue a un equipo galo, además, tiene un valor añadido de cara a la afición local y al futuro del ciclismo femenino en Francia.
7. Rivalidad y polémica con final feliz
La pugna entre Vollering y Niewiadoma-Phinney dejó, además de un duelo deportivo de enorme nivel, una lección sobre cómo gestionar los conflictos dentro del pelotón. El episodio de movimiento de Célia Gery que cerró a la polaca en la octava etapa, que estuvo a punto de eclipsar la victoria de la neerlandesa, se resolvió con una conversación cara a cara entre las dos corredoras antes de la etapa final, además de unas disculpas de Niewiadoma-Phinney al equipo francés. La rivalidad deportiva y el respeto mutuo no debrían están reñidos.
8. Debutar bajo los focos: Paula Blasi y Paula Ostiz
Esta edición dejó dos debuts de altísimo nivel mediático: Paula Blasi, que llegaba como una de las corredoras más en forma del pelotón tras una temporada excepcional, y Paula Ostiz, la corredora más joven de la carrera, con 18 años. Ambas tuvieron que aprender, además de a correr al servicio de sus líderes, a gestionar una exposición mediática para la que ni ellas ni sus equipos estaban del todo preparados. El caso de Blasi, en particular, puso sobre la mesa una reflexión que va más allá del resultado deportivo: la responsabilidad de los medios a la hora de generar expectativas sobre una corredora. Al final, la carretera ha hablado: Blasi ha terminado quinta de la general.

9. Pauline Ferrand-Prévot, la temporada del todo o nada
Como ya ocurrió el año pasado, Pauline Ferrand-Prévot volvió a ser objeto de debate en este Tour de Francia, aunque por motivos muy distintos. Si en la edición anterior el foco mediático se centró en su pérdida de peso, este año la discusión giró en torno a si tiene sentido construir una temporada entera alrededor de una única cita: el Tour de Francia. La francesa había competido solo doce días antes de la salida, lo que la colocaba en una situación de todo o nada de cara a esta ronda gala.
Su gran examen era la contrarreloj de Dijon, donde no logró los resultados esperados y perdió más de dos minutos. De hecho, llevaba más de 10 años sin disputar ninguna. Al día siguiente, en la complicada etapa de Belleville-en-Beaujolais, se descolgó del grupo de perdió otros 2’35» más y vio como se esfumaban definitivamente sus opciones de revalidar el título. Después de la etapa de Mont Ventoux, la campeona vigente confirmaba su retirada de la carrera por enfermedad. Hay que destacar que, a diferencia de otras corredoras en situaciones similares, Ferrand-Prévot en ningún momento se escondió ante los medios de comunicación ni ante la afición, y afrontó con deportividad el final de su Tour con sus declaraciones.
10. La fragilidad de Reusser
Marlen Reusser vistió el maillot amarillo durante dos jornadas, ganó una contrarreloj y llegó a la última etapa peleando por el podio. Todo eso se esfumó en un instante con una caída en el descenso del Col d’Èze, donde quedó bloqueada mentalemente. Su director deportivo, Kevin Dekker, lo resumió con una frase que podría servir de cierre para todo el Tour: «Solo puedes perder a lo grande si antes tenías algo grande».
Pero este Tour tiene, además, una lectura de fondo para la suiza. Con 34 años, ha sido la primera vez que Reusser afrontaba el Tour de Francia como líder de equipo, y por tanto también la primera vez que tenía que gestionar situaciones como defender el maillot amarillo. Puede que sea precisamente por eso que la decepción final resulte todavía más profunda. Aun así, por su capacidad de liderazgo y por el trato cercano y las magníficas declaraciones que ha ofrecido a la prensa durante toda la carrera, Reusser se perfila como una corredora con todavía margen de crecimiento, que puede endurecer su mentalidad, y a convertirse en una candidata firme para pelear por la victoria final del Tour de Francia en próximas ediciones.