Crónica de la decimotercera etapa de La Vuelta, entre Almuñércar y Loja, de 192,8km
Llevaba varios días buscando una victoria. Había trabajado para su compañero Matthew Brennan en los tres triunfos al esprint del joven británico, había disputado los pasos intermedios y los puntos de la montaña, había aparecido en las fugas y se había movido por todos los terrenos posibles. Y hoy, en un día infernal por las altas temperaturas, en una etapa cuyo número suele ponerse bocabajo como dorsal, tuvo finalmente la oportunidad de correr libre y jugar sus propias cartas. Y la aprovechó cómo solo él sabe hacerlo.
La jornada, marcada por el calor y los 3.400 metros de desnivel positivo, empezó con una batalla feroz por formar la escapada. Esta vez, fue como si el pelotón se hubiera partido en dos y por delante se pusieron un grupo de 43 corredores en el que viajaban Van Aert, Santiago Buitrago, Mattias Skjelmose y Matthew Brennan, entre otros. Era el tipo de fuga que podía tener final feliz y Movistar, más preocupado por proteger el liderato de Enric Mas que por controlar una jornada de este tipo, dejó que fueran otros equipos quienes asumieran la responsabilidad.
La ventaja creció y la escapada fue haciendo su propia carrera. En el Alto del Legionario, ya superado el ecuador de la etapa, once corredores consiguieron saltar del grupo principal de la fuga, aunque la selección todavía estaba lejos de ser definitiva. Por delante estaban Brennan, Andreas Leknessund, Vincenzo Albanese, Cristian Rodríguez o Clément Berthet; por detrás, entre otros, viajaban Van Aert, Magnus Cort y Mattias Skjelmose.

“El plan era entrar en la escapada —comentó Van Aert ya en meta—. Fue una etapa muy difícil de controlar. Sabíamos que con Matthew, yo, Bruno Armirail y Christophe Laporte teníamos corredores muy buenos en una etapa como esta. Intentamos estar en cabeza con algunos ciclistas para poder jugar nuestras cartas, y funcionó a la perfección”.
La estrategia tenía además una particularidad: Visma tenía dos cartas muy rápidas en un grupo que podía acabar resolviéndose al esprint. Brennan ya había demostrado en esta Vuelta que era capaz de ganar una llegada masiva, mientras que Van Aert aportaba una combinación de todo, velocidad y estrategia. “Con Matty y yo en un grupo así, ambos teníamos una oportunidad, pero también podemos sacrificarnos el uno por el otro”, contaba.

El último movimiento importante llegó a pocos kilómetros de Loja, después de que la carrera volviera a mezclar a los grupos de cabeza. Van Aert, Brennan, Skjelmose, Buitrago, Jarno Widar, Filippo Zana, Axel Laurance y otros corredores terminaron formando el grupo que se jugaría la etapa. Con Van Aert y Brennan delante, Visma tenía de nuevo una situación privilegiada, pero el belga no quiso esperar a que se resolviera al esprint. De hecho, sabía bien donde debía atacar porque se había estudiado el perfil: a 3,5 km de meta.
“Lo tenía un poco en mente cuando vi el perfil y esa última subida antes de llegar al pueblo. Esta distancia [3,5 km] es el momento en que la gente empieza a pensar en el esprint, y si logras abrir un hueco, ya no querrán cerrarla entre ellos. Estaba lo suficientemente cerca de la meta como para que valiera la pena”, explicaba el belga.
El cambio de ritmo fue suficiente para dejar atrás al resto. Solo Valentin Paret-Peintre consiguió seguir inicialmente su rueda, pero Van Aert llegó a la recta final con ventaja y pudo resolver con relativa comodidad. Por detrás, Brennan encabezó el grupo perseguidor y terminó tercero, a 24 segundos de su compañero. La victoria fue el resultado de una carrera colectiva del Visma.
Para Van Aert es su cuarta victoria de etapa en La Vuelta, después de las tres que consiguió en 2024. Para Visma-Lease a Bike, es ya el cuarto triunfo de esta edición, pero más allá de la cifra, la victoria explica bien el tipo de corredor que sigue siendo Van Aert: uno capaz de trabajar para un compañero durante días y, cuando aparece la oportunidad, reconocer el momento exacto en el que dejar de esperar.