Crónica de la vigésima etapa de La Vuelta, entre La Calahorra y Collado del Alguacil, de 186,8 km
Hay que frotarse los ojos una vez más creer que es verdad: once años después de su última victoria en La Vuelta, Mikel Landa (Soudal Quick-Step) ha vuelto a ganar una etapa en la ronda española. Y lo ha hecho, además, en la que muchos ya señalan como la etapa más dura de la historia de la carrera: cinco puertos puntuables y 4.890 metros de desnivel positivo por las montañas granadinas entre La Calahorra y la cima inédita del Collado del Alguacil. Habría que revisar los archivos, pero si no es la más dura se le acerca. Es la etapa que el alavés, a sus 36 años, ha elegido para no irse a casa con las manos vacías en lo que él mismo, visiblemente emocionado, ha calificado como «un año de mierda».
«Ayer me rendí y se nos fue la etapa, y hoy no podía volver a pasar», ha explicado Landa, dejando claro que sentía esta jornada reina como su última oportunidad. «Me he acordado mucho de mis hijos y no podía volver a casa así, rendido. Y si un día ven esto y lo entienden, me gustaría que sepan que no te puedes rendir nunca».

Así, Landa ha protagonizado uno de esos momentos televisivos que, si estuviéramos en la época de Indurain, se regalarían con los periódicos en una cinta VHS. Tanto hablar de Landismo, tanto especular… Pues hoy sábado, ha dejado el Landismo se ha manifestado y ha dejado un legado real para todos, ha compuesto su réquiem particular al alzar los brazos en una carretera que a partir de ahora también formará parte de nuestra memoria. Como nos contó Luis Ángel Maté en el número 51 de VOLATA, esta subida fue un descubrimiento del malogrado Xavier Tondo, y hoy Landa le ha rendido, sin buscarlo, un pequeño homenaje. Además, es una carretera con una historia especial: sirvió en su día para llegar al primer hotel de Sierra Nevada y también tuvo su papel entre trincheras durante la Guerra Civil.
«El equipo también ha confiado en mí, me ha apoyado toda la Vuelta, me ha cuidado y me ha dado cariño, y es por ellos. Con la mierda de año que llevo, incluso años, he sufrido mucho… y hoy, todo cobra sentido», ha añadido el corredor de Soudal Quick-Step, sumando así su quinta victoria de etapa en una Gran Vuelta —no levantaba los brazos desde el Giro de 2017— y su segunda en La Vuelta, después de la conseguida en 2015 en Cortals d’Encamp. Landa puede retirarse tranquilo en el Euskaltel Euskadi a partir de la temporada que viene.

Pero la de hoy ha sido también una etapa en la que han sucedido muchas más cosas: el ataque colectivo de Uno-X Mobility para sostener la fuga, la apuesta de todo o nada de Sepp Kuss por recuperar puestos en la general, y la misión de Bahrain Victorious para blindar el maillot de la montaña de Santiago Buitrago. También la lucha de los ciclistas del Kern Pharma para honrar al equipo y su presencia en esta Vuelta, que desgraciadamente, todo indica que será la última.
Un día sin respiro
En el Puerto de los Blancares (3ª categoría, km 50,7), primero de los cinco puertos puntuables, un numeroso grupo de 55 ciclistas, con todos los equipos representados, se destacó en persecución, aunque nunca logró acercarse a cabeza de carrera. La gran noticia llegó en el primer paso por el Puerto de El Purche (1ª categoría, km 94,3), cuando Sepp Kuss (Visma-Lease a Bike) y Richard Carapaz (EF Education-EasyPost) lanzaron sendos ataques a unos 100 kilómetros de meta que obligaron a reaccionar a los grandes favoritos, que en ese momento rodaban ya con más de 10 minutos perdidos respecto a la cabeza de carrera. Como consecuencia, solo los tres primeros clasificados de la general lograron llegar a su altura en la cima.
Ayudado por compañeros de equipo que rodaban en persecución, el grupo hizo camino, mientras Uno-X Mobility usaba su superioridad numérica para mantener viva la fuga camino del segundo paso por El Purche (1ª categoría, km 125,5), en cuya cima logró contactar con cabeza de carrera, desde el grupo perseguidor, el propio Mikel Landa. En el grupo de favoritos siguieron los ataques: los de Carapaz no fructificaron, pero Kuss sí logró hacer camino en busca de volver a entrar en el top 10.

Después de que Van Aert asegurara matemáticamente su maillot verde en el sprint intermedio de Güéjar Sierra (km 144), la fuga acabó de seleccionarse con la entrada de Ramses De Bruyne (Alpecin-Premier Tech) desde el grupo perseguidor, protagonista de un cambio de ritmo que le permitió coronar en cabeza junto al propio Landa y Tobias Johannessen (Uno-X Mobility) —único superviviente de la fuga inicial— el paso bonificado por el Puerto de El Duque (1ª categoría, km 155,4), mientras seguían las tentativas en el grupo de Mas.
Llegaba entonces el reto final del Collado del Alguacil, y sus 8,3 kilómetros de ascensión a un desnivel medio del 9,8% tuvieron un solo nombre propio: el de Landa, que dejó atrás a sus compañeros de fuga a 7 kilómetros de meta y firmó una cabalgata triunfal hasta cruzar la línea con 47 segundos de ventaja sobre Johannessen y 1’27» sobre De Bruyne. Entre los favoritos, Sepp Kuss tuvo premio a su ambición remontando hasta la 5ª posición provisional, mientras que Enric Mas (Movistar) volvió a demostrar la solidez suficiente para llegar a la etapa final en Granada con 2’15» sobre Primož Roglič y 2’44» sobre Felix Gall, el más fuerte del día en el Alguacil.
