Crónica de la quinta etapa de La Vuelta 2026, entre Falset y Roquetes, de 173,3 km
Hay etapas en las que el cronista no tiene papel —o pantalla— suficiente para narrar todas las vicisitudes de lo ocurrido en carrera. Otras —por suerte, las menos— suponen un reto para la imaginación del periodista, a menos que hoy decida hablar de la variedad de cultivos del Delta del Ebre o los tópicos de un inicio de etapa nervioso marcado por la aparición del viento. Ya quisiera ver si algún creador de contenidos —pongamos Erola Jones— sería capaz de convertir en un producto atractivo de TikTok los primeros 100 km de esta cuarta etapa de La Vuelta, entre Falset y Roquetes, con 173 km de recorrido.
Por suerte, tenemos corredores como Ethan Hayter. El británico de Soudal Quick-Step es un verso libre, un Marlon Brando del pelotón: menos técnica que instinto, y aun así imposible de ignorar. A 73 km de meta, poco antes de la entrada en Tortosa, Hayter se ha lanzado en solitario para llevarse los 20 puntos del esprint intermedio de Tivenys y mantener viva su opción al maillot verde, dejándose atrapar después sin resistencia, como quien ya ha rodado su escena y no necesita quedarse para el resto de la película.

Ethan Hayter (fotos © Naike Ereñozaga / Cxcling /Unipublic)
Del resto, sólo el danés Andreas Kron (Uno-X Mobility) se ha atrevido a atacar antes del puerto de Paüls —de tercera categoría y a 25 km de la llegada—, pero sin llegar a lograr una ventaja significativa sobre el pelotón. La subida de 3 kms, encabezada fundamentalmente por los hombres del UAE, ha dejado el tropel reducido a unas 60 unidades. Y en el descenso, ha sido el vasco Xabier Mikel Azparren (Pinarello-Q36.5) quien ha intentado saltarse el control del Visma, hasta que a falta de 12 kms. el equipo neerlandés ha asumido totalmente las riendas de la carrera. Un control que Brennan, ajeno todavía al desenlace, agradecería después sin reservas: «Diría que soy un esprínter, pero también sé subir un poco, y creo que en este tipo de terreno funciono muy bien con el apoyo que tengo aquí.»

El pelotón subiendo el coll de Paüls (fotos © Naike Ereñozaga / Cxcling /Unipublic)
Y entonces, cuando ya parecía que el guion de la etapa se iba a agotar en anécdotas de viento y cultivos deltaicos, ha llegado el desenlace que todo cronista esperaba: un tren de Visma-Lease a Bike que ha desplegado a Van Aert y Laporte —»Los mejores del mundo para este tipo de trabajo», diría Brennan— como quien despliega una alfombra roja, dejando al británico solo ante la línea para firmar su segunda victoria en esta Vuelta. Con Groves y Pedersen descolgados en el ascenso al Puerto de Paüls, Jordi Meeus (Red Bull-Bora-Hansgrohe) ha completado el segundo escalón del podio, y Vincenzo Albanese (EF Education-EasyPost) el tercero, dos nombres que se han quedado mirando cómo Brennan convertía una jornada de trámite en el único fotograma que merecía la pena guardar. «No está mal. Esto es mejor que un trabajo normal», resumiría él mismo. Una jornada de oficina que cualquier cronista firmaría sin dudar.