La Vuelta, 4ª etapa: Pogačar ya vuela solo

Olga Àbalos

25 agosto, 2026

Crónica de la cuarta etapa de La Vuelta, celebrada íntegramente en Andorra, con inicio y final en Andorra La Vella y de 104,8 km.

Una de las primeras cosas que le preguntaron a Tadej Pogačar pocos minutos después de cruzar la meta de Andorra la Vella fue por su victoria de 2019 precisamente en Andorra, en Cortals d’Encamp. El esloveno estaba sobre el rodillo, bajando pulsaciones y recuperando del esfuerzo, en uno de esos momentos algo extraños en los que se entrevista a un ciclista mientras sigue pedaleando después de una etapa. Extraño porque no hay nada más íntimo que hacer rodillo y a una le parece que se está invadiendo un espacio sagrado de introspección.

Pero quizá hoy tenía sentido. Pogačar, al ser cuestionado por aquel día, empezó a recordar aquella primera victoria en Andorra, cuando era un corredor que empezaba a construir su historia en las Grandes Vueltas. «Tengo recuerdos preciosos de mi primera vez en Andorra; fue realmente hermoso y uno de los momentos favoritos de mi carrera —explicaba con una sonrisa—. Pero jamás, ni por un segundo, pensé que estaría corriendo ahora así cuando gané por primera vez en Andorra en 2019». Hoy en Andorra La Vella es como si pasado y presente se dieran la mano en el mundo del esloveno y se cerrara un círculo.

La cuarta etapa de La Vuelta, apenas 104,8 kilómetros pero con cuatro puertos de montaña, parecía diseñada para que algo sucediera. Compacta y vertiginosa íntegramente en territorio andorrano, donde tienen su residencia fiscal hasta 32 de los corredores con dorsal en esta Vuelta. Y así fue prácticamente desde el principio. El ritmo fue altísimo en Envalira, donde el Decathlon CMA CGM Team ya empezó a endurecer la carrera hasta neutralizar los primeros intentos de fuga. La carrera llegó a Beixalís todavía a una velocidad endiablada y fue allí donde apareció el maillot rojo.

© Toni Baixaulí / Cxcling / Unipublic

«No tenía por qué atacar de lejos, lo sé, pero el ritmo ya era altísimo en la primera subida, y en la segunda íbamos muy rápido desde la base. Cuando Jay me dejó pasar, supe que no quería estar aislado frente a los demás corredores de la general porque habrían jugado en mi contra, así que intenté atacar y seguir hasta la meta», explicó Pogačar.

Felix Gall, del Decathlon, fue el único capaz de seguirle durante unos metros. Después, ni siquiera el austríaco pudo mantener el ritmo. Pogačar se quedó solo a 50 kilómetros de la llegada y empezó una larga contrarreloj personal en la que tenía por delante el Coll d’Ordino, La Comella y todo el descenso hasta Andorra la Vella.

Detrás, los rivales tuvieron que decidir cómo correr una carrera que ya parecía tener un ganador. Primoz Roglic fue uno de los que asumió la responsabilidad de la persecución, junto a Gall, Oscar Onley, Enric Mas y Sepp Kuss. Más tarde se incorporaría también el joven Jarno Widar, que acabaría imponiéndose en el esprint del grupo perseguidor en meta.

Pero nadie pudo acercarse a Pogačar. «Bueno, ya sabes…», comentó Mas de forma irónica cuando los periodistas le preguntaron porque nadie intentó cazar al esloveno. Esta, mientras, coronó Ordino con ventaja, volvió a aumentarla en La Comella y llegó a meta en solitario. Había ganado la etapa y, sobre todo, había convertido una clasificación general que después de tres jornadas todavía podía parecer abierta en una carrera en la que él ya dispone de 3’21» sobre el segundo.

«Cualquier ventaja es más que suficiente, pero es genial tener 3:21 porque ahora puedo estar tranquilo y confiado para los próximos días —explicaba en meta—. Seguiremos día a día, concentrándonos en cada jornada; será un poco menos estresante».

La tranquilidad de Pogačar contrasta con la situación de quienes tienen que encontrar una manera de hacerle daño. Entre ellos está Primoz Roglic, que hoy ha vuelto a demostrar que está ahí. El esloveno afronta esta Vuelta con una alegría que sorprende, después de un periodo complicado y reconocía en meta que hace apenas dos semanas «no podía ni subirme encima de la bici». Por eso, más que lamentar la distancia con Pogačar, prefería quedarse con algo mucho más terrenal: «Estoy muy contento de encontrarme así ahora en esta etapa».

© Toni Baixaulí / Cxcling / Unipublic

También Enric Mas estuvo activo y fue protagonista. El mallorquín, como integrante de la fuga de perseguidores, propuso movimientos, intentó endurecer la carrera y se dejó ver en un día en el que, al menos, pareció correr con una serenidad diferente. Al terminar, sin embargo, prefirió no sacar demasiadas conclusiones ni mostrarse demasiado optimista: «Luego el primero decepcionado soy yo», concluyó.

Con la distancia conseguida, Pogačar puede simplemente dedicarse a gestionar la ventaja el resto de La Vuelta salvo accidente o situación excepcional. En 2019, cuando Pogačar ganó por primera vez en Andorra, todavía no sabía hasta dónde podía llegar su carrera. Hoy, mientras pedaleaba sobre el rodillo después de ganar la cuarta etapa de La Vuelta, ya sabe perfectamente de qué es capaz.