Olga Àbalos | 05 Jul 2025
Tour de Francia, etapa 1: un festival con viento y sin paracaídas
“Esto es un deporte de riesgo, ¿no? Como saltar en paracaídas, pero sin paracaídas”. Iván Romeo definía así sus sensaciones ante los micrófonos de Eurosport después de cruzar la meta en la que ha sido su primera etapa en un Tour de Francia. “Nunca había vivido una cosa así”, decía con una sonrisa de circunstancias. Romeo, de veintiún años, ha entrado en la posición 176, en el último grupo, a 6’31’’ del ganador, Jasper Philipsen. Con el mismo tiempo ha entrado también otro debutante y compañero de equipo, Will Barta, y Thibau Nys, de veintidós años, que no ha tenido un día fácil al verse implicado en una de las múltiples caídas del día. Pero ese último grupo no ha sido simplemente para inexpertos debutantes, sino que en él se encontraban hombres muy bregados en el Tour como los mismos Julian Alaphilippe, Simon Yates y Michael Woods.
Más allá de transmitir los nervios del debutante, la definición de Romeo encajaba a la perfección con lo vivido en esta jornada de debut en Lille. No es nada habitual que hombres importantes del pelotón pierdan tanto tiempo en una primera etapa del Tour, ni que haya abandonado Filippo Ganna, víctima de otra caída. Ha sido frenética, nerviosa, ansiosa, rápida y traicionera.
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Se ha rodado a 47,57 km/h de media, una cifra nada desdeñable si tenemos en cuenta que hoy se han subido hasta seis cotas, tres de ellas de 4.ª categoría. Vamos, un perfil de clásica rompepiernas que se ha desarrollado por carreteras estrechas y sinuosas, con referencias mineras, y con la presencia del viento como invitado que podía jugar su papel. Y así ha sido.
Después de echar abajo la primera fuga del día, que ha llegado a tener hasta 2’25’’ de ventaja, y alguna que otra escaramuza, el pelotón se disponía a planear la llegada masiva con los equipos de los esprinters controlando la carrera a 17 km de meta, pero con un invitado de lujo, el Visma Lease a Bike, que ha provocado un abanico y un corte que ha pillado a muchos desprevenidos, como a Primoz Roglic y Remco Evenepoel, que entrarían con 39’’ perdidos. En cabeza rodaban Jonas Vingegaard y Tadej Pogacar.
Y ahí ha empezado el festival del Alpecin. Con Mathieu Van der Poel y Kaden Groves, Jasper Philipsen tenía todo el arsenal con él y ha cumplido los pronósticos con un lanzamiento de manual. La alegría de Philipsen, que se enfunda también el maillot amarillo, contrastaba con Biniam Girmay, segundo. “Mierda, hoy no lo hemos conseguido. Si hubiera tenido un compañero conmigo hubiera podido disputar el esprint. Pero hoy Philipsen ha sido el más rápido. Esto acaba de comenzar”.

La victoria del belga ha llegado en un día algo gris en el que la televisión nos ha permitido observar un territorio plagado de colinas, entre las que costaba ver el horizonte. Mientras, las redes sociales del Tour recordaban la canción del cantautor Pierre Bachelet sobre los corons, los barrios obreros de las cuencas mineras del norte de Francia: “Au nord, c'étaient les corons / La terre c'était le charbon / Le ciel c'était l'horizon / Les hommes des mineurs de fond”. La tierra era el carbón y el cielo era el horizonte. Territorio duro el del norte, en el que seguramente nunca ha habido muchos paracaídas.
Fotos: ASO