Crònica de la novena etapa de La Vuelta entre La Vila Joiosa y Aitana, de 187,4 Km
Cuando el gato se va, los ratones bailan. Y en la novena etapa de La Vuelta, con Tadej Pogačar en la cama del hospital en lugar de la caravana, el pelotón entero ha decidido que la fiesta no podía esperar. Los números lo confirman: 24 corredores se han marchado en fuga, algo impensable en cualquier jornada dominada por el UAE de los últimos días.
El propio Enric Mas, que por la mañana había avisado en la salida —»Somos líderes y tenemos que actuar como tal»—, reconocería después que empezó la jornada «ilusionado como un niño pequeño». Palabras que, vistas con perspectiva, ya anunciaban lo que se avecinaba.
El ratón más juguetón del día ha sido Santiago Buitrago. El colombiano de Bahrain Victorious ha ido sumando puntos de montaña puerto tras puerto —primero en Tárbena, primero en El Miserat, primero en Tollos, primero en Tudons— hasta apuntalar un liderato en los lunares que, hace una semana, con Pogačar acumulando puntos en cada cima, ni siquiera se planteaba como posible.

© Cxcling / Unipublic
En cabeza de carrera, el baile lo ha ejecutado Pavel Sivakov. El francés de UAE Team Emirates-XRG, huérfano de líder pero no de ambición, se ha lanzado en solitario a 10,5 kilómetros de meta, dejando atrás a Marcel Camprubí y estirando su ventaja sobre un pelotón que Decathlon CMA CGM intentaba controlar. Ha resistido hasta los 4,5 kilómetros finales, cuando el grupo de favoritos —con Mas, Roglic, Onley, Carapaz y Buitrago ya reunidos— ha dado alcance a su aventura y ha cerrado el capítulo de la fuga.
Quedaba el tramo que de verdad importaba, y ahí el ratón que ha crecido hasta convertirse en protagonista ha sido el propio Mas. A 3 kilómetros de la cima de Aitana, tras probar fortuna Gall, Carapaz, Widar y Skjelmose sin doblegar al grupo, ha llegado su turno: ha cambiado el ritmo en primera persona, y solo Oscar Onley ha podido seguirle la rueda. Los dos han llegado juntos al desenlace, pero el mallorquín no ha dejado que el sprint se le escapara como en Castellon con Pogačar, firmando en el Alto de Aitana su primera victoria de etapa en esta Vuelta, por delante de Onley, Roglič, Gall y Cristian Rodríguez.

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«Ahora entiendo lo que siente Pogačar», ha bromeado Mas al terminar, consciente de la ironía de ganar de rojo justo el día después de que el esloveno dejara la carrera. Ha admitido que imponerse en la etapa como líder de la prueba «es una sensación muy especial», y que atraviesa el momento de mejores piernas y mayor confianza de toda su carrera deportiva. Preguntado por lo que puede esperarse de aquí en adelante, sin embargo, ha preferido no lanzar las campanas al vuelo: «Soy muy cauto, porque me he llevado muchos palos durante mi carrera y tenemos que ir día a día.»
La cautela verbal contrasta con lo que dicen los números: en la general, Mas ya no defiende un liderato prestado, sino una renta propia de 1’18» sobre Roglič, con Gall tercero a 1’39», Onley cuarto a 2’20» y Carapaz quinto a 3’26». Con Pogačar fuera del tablero, el pelotón se ha pasado la etapa preguntándose qué ciclismo quería construir en su ausencia, y Enric Mas ha dado la respuesta desde la cima de Aitana: una Superestrella —como la canción de la artista catalan—, pero con los pies en el suelo.