Desgranamos todos los hombres importantes que están llamados a ser protagonistas en la edición 81 de la ronda española.
La Vuelta a España de 2026 parte con una certeza que, paradójicamente, puede ser su principal elemento de incertidumbre: Tadej Pogačar es el gran favorito. El esloveno regresa a una carrera que no disputa desde 2019, cuando con veinte años terminó tercero y ganó tres etapas. Siete años después vuelve como pentacampeón del Tour de Francia y ante la oportunidad de conquistar la única gran vuelta que todavía falta en su palmarés. “Es un sueño desde hace años”, reconoció el esloveno en rueda de prensa ante los medios en Mónaco a dos días de la salida. “Llevaba mucho tiempo queriendo correr La Vuelta. Este año era el momento adecuado”.
Pero hay una pregunta que puede resultar tan interesante como su propia superioridad: ¿qué Vuelta quiere correr Pogačar? ¿Saldrá a ganar todo lo que pueda desde el primer día o se limitará a controlar la general y reservar fuerzas para el Mundial y el Campeonato de Europa que se celebra este año en Eslovenia? ¿Podrá incluso permitirse una actitud más colectiva, como la que mostró en el Tour al trabajar para Isaac del Toro?
La cuestión no es menor porque tampoco el UAE acude con la maquinaria perfectamente engrasada. João Almeida arrastra las consecuencias de una larga enfermedad, Jay Vine ha sufrido una temporada complicada y una caída que truncó su Giro, y tampoco está claro qué versión ofrecerán Pavel Sivakov o el joven Pablo Torres. Sobre el papel, el equipo sigue siendo extraordinario; en la práctica, hay más interrogantes de los habituales.
Eso puede hacer que Pogačar tenga que asumir un protagonismo mayor. Y también que la forma en que decida utilizar su superioridad termine condicionando la carrera tanto como el propio recorrido, que, por otro lado, parece hecho a medida para el esloveno: montaña abundante, finales en alto, dos contrarrelojes y una última semana en la que la resistencia puede resultar tan importante como la explosividad.
La participación de 2026 ha perdido algunos de los nombres que podrían haber equilibrado la balanza. Jonas Vingegaard no estará después de su doblete Giro-Tour; Remco Evenepoel tampoco afrontará la última gran vuelta del año y Juan Ayuso ha optado por orientar el final de temporada hacia las clásicas canadienses, el Mundial, los Europeos y Lombardía. El resultado es una Vuelta con un favorito extraordinario y un grupo de perseguidores mucho más difícil de ordenar.
Roglič, de candidato a incógnita
Primož Roglič podría haber sido el gran rival de Pogačar. Cuatro veces ganador de la Vuelta, el esloveno tenía en Granada la oportunidad de buscar una quinta victoria y convertirse en el corredor más laureado de la historia de la carrera. Pero una caída mientras entrenaba alteró por completo sus planes. “En lugar de prepararme, hice rehabilitación”, admitió en la presentación. “Hace tres semanas, hasta ponerme los calcetines era muy difícil”.
Finalmente estará en Mónaco, aunque sin la preparación necesaria para pensar en la clasificación general. Roglič no compite desde los Campeonatos de Eslovenia de finales de junio y canceló sus participaciones previstas en San Sebastián y Burgos. Su objetivo será avanzar día a día, comprobar cómo responde el cuerpo y, si recupera sensaciones, buscar alguna victoria de etapa en la segunda mitad. No es la primera vez que acude a la Vuelta tras una preparación complicada y termina encontrando una segunda vida en la carrera. Pero esta vez las dudas son mayores. El cuatro veces ganador vuelve, paradójicamente, sin la obligación de ganar. Y eso puede convertirle en uno de los corredores más imprevisibles de las tres semanas.
Gall, la alternativa
Felix Gall se muestra como uno de los candidatos más sólidos. Segundo en el Giro de Italia, ganador de la Vuelta a Burgos y con una preparación específica para disputar dos grandes vueltas, el austríaco llega a España tras haber renunciado al Tour para proteger su temporada. El corredor del Decathlon ha resumido con una frase la sensación colectiva del pelotón: “Con Tadej aquí, va a ser difícil luchar por la victoria. Sospecho que estará cansado después del Tour de Francia. Es humano, pero es Tadej”.
Su segundo puesto en Italia, por detrás de Vingegaard, demostró que puede sostener tres semanas al máximo nivel. Burgos añadió otra señal positiva. Gall no necesita correr a la ofensiva desde el principio: su oportunidad pasa por resistir cerca de Pogačar, como hizo en la ronda italiana con el danés de Visma, y esperar a que la carrera entre en su fase decisiva. El problema es evidente: incluso en su mejor versión, parece difícil imaginarlo superando al esloveno. Pero si la pregunta es quién puede terminar segundo, Gall es probablemente uno de los nombres que más sentido tienen.
Almeida, una interrogante dentro del UAE
João Almeida debería formar parte de ese mismo grupo de aspirantes. Fue segundo en la Vuelta de 2025 y, en circunstancias normales, su presencia obligaría a incluirlo entre los grandes candidatos al podio. Pero el portugués ha pasado por una larga enfermedad que ha condicionado seriamente su preparación. Su presencia junto a Pogačar convierte al UAE en un equipo extraordinariamente potente sobre el papel, pero queda por saber qué Almeida llegará a la salida. La incógnita no es su calidad, sino su estado físico y su capacidad para aguantar tres semanas de competición.
Onley, Skjelmose y Carapaz
Oscar Onley representa la juventud que llama a la puerta. A sus 23 años aterriza en la Vuelta habiendo terminado cuarto en el Tour de 2025 y con las buenas sensaciones de la Vuelta a Burgos, donde fue segundo en la general y ganó una etapa. Su perfil encaja especialmente bien con un recorrido plagado de rampas y ascensiones donde la capacidad para cambiar de ritmo puede resultar decisiva.
Mattias Skjelmose fue sexto en el Tour. Ya sabe lo que significa sobrevivir a tres semanas de máxima exigencia y ha dado un salto de madurez que le permite pensar en una clasificación general. La duda, como para tantos corredores que vienen de la ronda gala, será comprobar cuánto combustible conserva.
Y luego está Richard Carapaz. El ecuatoriano ganó dos etapas del Tour y la montaña, pero su ambición aquí es mayor. “Tenemos un objetivo claro: luchar por la clasificación general”, ha dejado claro en Mónaco. “Nunca he estado en la posición de luchar con él la general de una Gran Vuelta, así que creo que será emocionante para mí. Voy a darlo todo”. Puede convertirse en uno de los grandes animadores de la carrera desde las fugas, como ya hizo en otras ediciones, o decidir que todavía tiene piernas para disputar la clasificación. Sus palabras sugieren lo segundo.

Mas, Landa y la Vuelta como territorio propio
Enric Mas continúa ocupando un lugar singular. Pocos corredores han construido una relación tan estrecha con esta carrera. Cuatro podios y seis puestos entre los seis primeros explican una regularidad que convierte cualquier Vuelta en una oportunidad para el mallorquín. “La Vuelta es donde he obtenido mis mejores resultados”, recordaba antes de la salida. “Me lo tomaré de forma diferente. Iré día a día para comprender realmente cómo me siento, y espero encontrarme en una mejor posición al final”.
Su temporada no ha sido brillante, pero el quinto puesto en Burgos ofrece un indicio de recuperación. Y en una carrera en la que muchos rivales llegan con interrogantes, Mas tiene una ventaja que no aparece en las estadísticas: sabe exactamente cómo se corre la Vuelta.
Junto a Mas, otro nombre propio del ciclismo nacional llega a esta Vuelta con una mochila cargada de circunstancias. Mikel Landa afronta su última gran vuelta con Soudal Quick-Step antes de vestir el maillot naranja del Euskaltel-Euskadi, y lo hace después de una temporada que él mismo ha calificado sin rodeos: “No me he divertido para nada”. La caída en la Vuelta al País Vasco le privó del Giro y del Tour. Ahora, con 36 años y las cuentas pendientes que acumula con esta carrera, acude con un objetivo más modesto pero más honesto que nunca: “Solo quiero correr y dejar atrás el resto”. A veces eso es suficiente para hacer algo memorable.

La batalla por el esprint
La montaña condiciona la Vuelta, pero no todo se decidirá cuesta arriba. El recorrido deja pocas oportunidades para los sprinters puros, aunque sí suficientes para que la velocidad tenga su propia batalla. La particularidad es que los candidatos a esas llegadas tendrán que ser capaces de sobrevivir al desnivel: más que velocistas, la carrera ha convocado a corredores rápidos y resistentes.
Wout van Aert es el nombre más evidente. El belga vuelve a una Vuelta que ya dominó en 2021 hasta su abandono: tres victorias, otros cuatro podios y el maillot de los puntos. Recuperado de los problemas que le apartaron del Tour, llega además a una carrera en la que Visma no tendrá un líder para la general. Eso puede darle libertad para buscar victorias en escenarios muy diferentes. “La contrarreloj y la segunda etapa deberían ser mi oportunidad”, ha apuntado. “Sería un sueño volver a vestir el maillot rojo”.
Mads Pedersen será su gran rival. El danés acude después de un Tour extraordinario y con un objetivo declarado: “Diría que podemos aspirar a entre cinco y siete victorias de etapa. Será difícil, pero creemos que es posible”. Ya ha ganado las clasificaciones de puntos de las tres grandes vueltas y su capacidad para superar recorridos exigentes le convierte en uno de los pocos capaces de disputar a Van Aert tanto las volatas como la regularidad. La incógnita estará en el equipo: Lidl-Trek tendrá que dedicar buena parte de sus recursos a Skjelmose y Pedersen dispondrá de menos compañeros específicos para los esprints.
Matthew Brennan completa el poderoso bloque de Visma. La convivencia con Van Aert puede ser un problema, pero también una oportunidad: el británico tendrá probablemente al mejor lanzador posible. Jordi Meeus, por su parte, tendrá más libertad en Red Bull-BORA, cuyo objetivo puede desplazarse hacia las etapas después de que Roglič haya renunciado a luchar por la general. Kaden Groves merece también crédito pese a una temporada decepcionante. Ha ganado etapas de la Vuelta en 2022, 2023 y 2024 y, si recupera su mejor nivel, tiene velocidad suficiente para batir a cualquiera.
Del Principado al reino
Mónaco será el punto de partida y Granada, el destino. Entre ambos habrá cuatro países, 3.275 kilómetros, casi 60.000 metros de desnivel y diez días de carrera por Andalucía. Un recorrido que pondrá a prueba la resistencia tanto como la calidad.
Pogačar parte del Principado con casi todos los argumentos a su favor. Solo le falta conquistar la Vuelta, la única grande que todavía no figura en su palmarés. Si lo consigue, se convertirá en el noveno corredor de la historia en completar el triplete, después de Anquetil, Gimondi, Merckx, Hinault, Contador, Nibali, Froome y, este mismo año, Vingegaard. Para ello tendrá que atravesar los Pirineos, soportar el calor del sur y llegar a Granada después de tres semanas de carrera.
Detrás, las certezas son muchas menos. Gall, Almeida, Roglič, Onley, Skjelmose, Carapaz y Mas llegan con objetivos y circunstancias diferentes. Y en las volatas, Van Aert y Pedersen librarán otra batalla por la velocidad y la regularidad.
El Principito parte de Mónaco en busca de su último reino. El palacio de la Alhambra y Granada esperan.