Texto y fotos de Juan Antonio Flecha | 04 Jul 2025
¡Cómo van las Van Rysel!
Las llamadas comerciales de spam se han apoderado de mi teléfono en los últimos meses, tal es el pesimismo que rara vez respondo a números desconocidos en horario laboral. El otro día sonó temprano mientras preparaba el desayuno y descolgué desconfiado con un ¿“quién habla?”. “Soy el chico de Seur que te estuve llamando ayer todo el día, tengo un paquete que pone que es para VOLATA”, respondieron al otro lado. Le di instrucciones al transportista para que dejase el envío en un lugar seguro a lo largo de la mañana y salí a montar en bici algo inquieto por saber qué traería el misterioso paquete.
En mi regreso a casa me topé con una caja de cartón rectangular que se asemejaba a un sarcófago y que llevaba escrito “Van Rysel” en grande. Acababa de recibir el karma por lo de las llamadas comerciales y ahora me tocaría escribir un artículo sobre una bici. Os invito a leerlo y que juzguéis si os he intentado vender algo o no. Como dice Antonio Alix: “Si te ha gustado eres libre de insultarme”.
Suscríbete aquí a VOLATA, tu revista de cultura ciclista.
Desempaquetado y empaquetado
El deseado día de probar una había llegado, pero antes tenía que poner los dientes largos a mi compañero en Eurosport Antonio Alix. Todo empezó el año pasado durante la retransmisión de la Vuelta a Murcia junto a Antonio cuando Ben O´Connor soltó a Tim Wellens en la ascensión a la Cresta del Gallo y mi compañero espetó: “¡Mira Flecha, Colnago contra Van Rysel!”, seguido de la frase que se popularizó rápidamente: “¡Cómo van las Van Rysel!”. O'Connor ganó aquel día tras una exhibición y el resto es historia.
Tantas victorias del equipo Ag2r confirmaban que, en efecto, eran buenas bicis. Incluso, a menudo bromeaba con esnobismo, que “nunca me veréis con una Van Rysel”; a lo que más tarde añadía: “Porque no hay existencias”. Reconozco que, a lo largo del 2024, según veía las carreras y los triunfos del equipo francés, mi interés fue creciendo y terminé deseando tener la oportunidad de probar una en alguna ocasión. Ya fuese por casualidad o caprichos del destino, el día que la recibí en casa Nicolas Prodhomme ganaba en Champoluc la etapa del Giro d'Italia. El éxito en las carreras y en las ventas me tranquilizó en aquel momento previo al desempaquetado ante el temor de que de allí sacase un muerto.
El modelo RCR-F PRO vino perfectamente empaquetado dando una primera impresión de alta calidad. Si bien no era la exitosa RCR PRO que había despertado mi curiosidad, la versión aero con los colores del equipo era una excelente oportunidad para entender el nivel de las bicis actuales en el World Tour y en concreto de las Van Rysel.
Con algo de Roubaix
Una vez terminada de montar, con los rayos de sol se apreciaba bien el efecto purpurina de la pintura en el tubo superior. Sin embargo, mis ojos se centraban más en el emblemático azul de la horquilla y un detalle que me recordó por mensaje mi amigo Javi Maya: una vez montado en la bici recuerda a estar rodando en el velódromo de Roubaix por la franja que separa la pista de la pelouse. En efecto, las Van Rysel son de Lille (tal y como su nombre indica) muy cerquita del velódromo de Roubaix por lo que siempre me surge la duda de si Decathlon quiso llamarles Roubaix a sus bicis y no pudo por haberse adelantado Specialized en su día con su modelo de bici endurance.
Todo sea dicho, la Roubaix de Specialized con la que disfruté durante el reto del Flandien Challenge en 2024 era un modelo más acorde al ciclismo de aventura y ultradistancia que practico en la actualidad. La RCR-F PRO es una aero, algo más corta de ejes y optimizada para rodar por terreno ondulado por encima de los 37 km/h. Al verla ahí en casa, con los colores del equipo y el manillar tan bajo, la parte más racional de mi cerebro me recordó que aquel barco ya lo había abandonado hacía tiempo.
Ajustes, velocidad y aguante
Teniendo en cuenta el montaje y cableado interno las opciones de ajuste se redujeron al sillín (altura, inclinación y avance), algo habitual en las bicis de prueba de hoy en día. El sistema que aprieta la tija del sillín me pareció simple y eficaz con la protección de goma para mantener la pieza limpia algo que siempre se agradece a la larga. Por lo contrario, el sistema de dos tornillos para el ajuste de la inclinación y avance del sillín siempre corre el riesgo de que uno de los tornillos se rompa en algún bache y personalmente prefiero los de un tornillo. Con el sillín a medida, la RCR-F Pro en talla 56 tenía buena planta, aunque muy desequilibrada para la posición con la que monto hoy en día: habría necesitado alzar el manillar unos dos centímetros y una potencia algo más larga para poder ir bien en ella.
La ergonomía del manillar de una pieza con las manos en las manetas me permitió acoplarme con la misma facilidad que me vine arriba al dar las primeras pedaladas. En modo aero pronto estaba rodando a 38 km/h superando los 30 km/h permitidos en zona urbana. Me vino a la mente aquel famoso argumento de los conductores que se saltan los límites de velocidad con sus coches de alta gama justificando la infracción con la sensación de baja velocidad que da rodar rápido en sus vehículos.
También pensé en los influencers que hacen un juicio rápido afirmando el sinsentido de comprarse una bici aero para cicloturistas novatos que a duras penas alcanzan los 30 km/h en llano para dar mensajes de “desinfluencing”. ¿Justificaría la facilidad de alcanzar velocidades altas la compra de una bici con estas características independientemente del nivel que tenga cada uno? Desde mi punto de vista el nivel que pueda tener cada uno montando en bici no debería ser un filtro ya que hay muchos más factores que determinan el proceso de decisión de compra.
Por ejemplo, si con una bici en concreto se encuentra más motivación para salir a diario, lo normal es que mejores como ciclista, siempre y cuando se den otras condiciones, que pueden pasar también por la comodidad del ciclista que le permita aguantar las sesiones de entrenamiento. En mi salida con la RCR-F PRO duré poco más de 20 km en llano, la posición tan agachada hizo que se me resintiera la espalda y volviese a casa antes de lo deseado: insuficiente para gritar con seguridad lo bien que van las Van Rysel.
Desarrollo, márgenes y valor de marca
"Hoy en día todo va bien". La frase no es mía sino de mi amigo Gorka y la usa tanto para bicis como para material de windsurf. Claro está que me gusta siempre matizar que algunas van mejor que otras, aunque coincido con él en que no existen malas bicis. Alix suele ser más tajante afirmando que hacer una bici es algo muy sencillo, pero para ello prefiero que opine un ingeniero. Unas marcas invierten más en investigación y desarrollo mientras que otras, como es el caso de Van Rysel, aprenden rápido y escogen lo mejor de varios modelos de bicis para desarrollar modelos como la RCR. ¿Las convierte eso en mejores o peores bicis que la competencia? Sobre todo, son estrategias diferentes que, entre otras cosas, puede repercutir en los márgenes que se pueden lograr.
Recuerdo lo que le contestó Simon Mottram, fundador de Rapha, a la pregunta sobre la calidad de los productos de la competencia que le hicieron en una ronda de preguntas durante la presentación de su libro The Extra Mile: “Si buscas un maillot o culotte bueno ve a una tienda y escoge cualquiera que veas, seguro que te llevas una buena prenda, pero estarás comprando un producto y no una marca. Ve ahí fuera y construye una marca”.
Van Rysel ha creado buenas bicis y así lo seguirá haciendo con sus nuevos modelos, aunque para muchos consumidores la percepción —especialmente en el sur de Europa— sea de que están comprando una Decathlon. El gran reto ahora para ellos pasa por construir la marca Van Rysel de forma global y para ello tendrán siempre que rodar esa milla extra y no volver a casa a las primeras de cambio como hice yo probando la RCR-F PRO.
Este artículo es un avance del que próximamente podréis leer en VOLATA#47. Suscríbete aquí a VOLATA, tu revista de cultura ciclista.