Olga Àbalos | 29 Aug 2025
La Vuelta, etapa 6: Explotar e implosionar
Suele decirse que la montaña pone a cada uno en su lugar, para bien y para mal. El primer día en las alturas de esta Vuelta, con ni más ni menos que más de 3.600 m de desnivel positivo, ha permitido que empecemos a despejar algunas incógnitas y, de nuevo, que sucedan cosas inesperadas.
Si ayer Juan Ayuso (UAE) reconocía ante la prensa que no tenía claro si podría luchar por la general, hoy se ha encontrado con la respuesta de bruces. A unos 5 kilómetros de meta se descolgó del grupo de favoritos, incapaz de seguir el ritmo, y acabó cediendo más de 10 minutos respecto al nuevo líder, el noruego del Bahrain Victorious, Torstein Træen. Una implosión en toda regla. Y, sin embargo, el alicantino lo asumió con calma, incluso con un cierto alivio: “Las sensaciones de hoy han sido como las de toda la Vuelta. Lo vengo diciendo desde antes de empezar: mi planteamiento no era hacer la general”, declaró en meta, sin dramatismos, como quien se sacude un peso de encima. El UAE le había pedido que compartiera el liderazgo con João Almeida, y la montaña le escribió el guion que él ya intuía. Había desconectado tanto de la etapa que ni siquiera sabía quién había ganado. “¿Ah, sí? ¿Ha ganado Vine? Pues me acabo de enterar”, comentó cuando los periodistas le informaron de la victoria de su compañero. Esbozó una sonrisa ligera y añadió: “Bueno, a partir de ahora intentaré ayudar lo mejor que pueda al equipo y empezar a preparar el Mundial”. Es la sexta etapa y Ayuso ya mira más allá de La Vuelta.

La otra cara del día la protagonizó precisamente Jay Vine, su compañero en el UAE. El australiano, ambicioso, había ido dejándose tiempo desde las primeras jornadas, quizá con la idea de buscar una escapada buena en la montaña. Hoy la encontró y no dejó pasar la oportunidad. Se filtró en la fuga del día, que llegó a tener alrededor de 6 minutos de ventaja con el beneplácito del Visma, que no puso objeciones a ceder el maillot rojo. Vine atacó en la Comella, su subida preferida en Andorra: “La he hecho muchas veces y me conozco muy bien el descenso, así que ataqué aunque la carretera estuviera mojada”, explicó tras la meta. Su movimiento sorprendió a los compañeros de fuga, que ya no pudieron seguirle, y acabó entrando en solitario en Pal, en La Massana, en terreno andorrano, su casa europea. Una victoria de esas que ayudan a mantener la paz interna en un equipo lleno de líderes. Vine suele tener licencia para perseguir sus propias oportunidades.

Por detrás, la general también dio un vuelco. El noruego Torstein Træen, que venía entre los mejores clasificados, aprovechó la jornada para asaltar el liderato y enfundarse por primera vez en su carrera el maillot rojo. Lo celebró incrédulo, como si todavía no terminara de creérselo, pero con un punto de ironía. Hace poco, otro corredor noruego le llamó medio en broma “perdedor”, a lo que él respondió: “Cuando me ponga La Roja en Andorra, no creo que me llames perdedor nunca más”. Y tenía razón. A Træen nadie puede llamarle loser: en 2022 superó un cáncer testicular y hoy, tres años después, alcanza la recompensa de ser líder de una gran vuelta.