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La Vuelta, etapa 8: Philipsen, un ninja en Zaragoza

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Olga Àbalos | 31 Aug 2025

La Vuelta, etapa 8: Philipsen, un ninja en Zaragoza

La Vuelta, etapa 8: Philipsen, un ninja en Zaragoza

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La Vuelta a España se tomó un respiro de la montaña para ofrecer uno de esos pocos días reservados a los velocistas. Entre Monzón y Zaragoza, 196 kilómetros que parecían escritos para una llegada masiva y que, finalmente, cumplieron con el guion previsto. Jasper Philipsen (Alpecin-Deceuninck) se llevó la victoria, la segunda en esta edición y la número quince de su carrera en grandes vueltas, tras imponerse en un esprint desordenado en el que el belga supo abrirse paso con la destreza de un ninja.

La etapa arrancó animada, con un ataque desde el kilómetro cero que formó la escapada del día. Joan Bou (Caja Rural), Sergio Samitier (Cofidis) y José Luis Faura (Burgos-BH) se adelantaron al pelotón para buscar la fuga, aunque en jornadas como esta tenían pocas opciones. Samitier, ciclista local, fue ovacionado al paso por su Barbastro natal y disfrutó de un momento especial en su tierra. La ventaja máxima del trío apenas superó los cuatro minutos, rápidamente controlada por Alpecin-Deceuninck e Israel-Premier Tech, pensando en sus bazas al esprint, Philipsen y Ethan Vernon. Más tarde, también Lidl-Trek se sumó al trabajo para Mads Pedersen, lo que redujo drásticamente las diferencias.



En el primer paso por meta, en Zaragoza, Faura cedió, mientras Bou y Samitier resistieron hasta que, a falta de 17 kilómetros, fueron neutralizados por un pelotón cada vez más lanzado. A partir de entonces, el guion fue el esperado: control de los equipos de los velocistas y nervios en la aproximación final. El esprint fue tan caótico como vibrante. Elia Viviani (Ineos), veterano en estas lides, parecía bien colocado para lograr un triunfo que le ha sido esquivo en los últimos tiempos. También estaban Ethan Vernon (Israel-Premier Tech) y Arne Marit (Intermarché-Wanty), pero ninguno de ellos pudo frenar a Philipsen.

El belga, que había rodado oculto y bloqueado durante buena parte del esprint, encontró el hueco justo en la parte izquierda de la calzada, pegado a las vallas, y lanzó un golpe de riñón definitivo. Fue una victoria de instinto más que de manual, porque esta vez el tren de su equipo no logró marcar el ritmo con la precisión habitual. “En los últimos metros, perdí la rueda de mis compañeros —aseguró el belga en la entrevista antes del podio—. Creo que hicieron de nuevo un lanzamiento increíble, pero yo no estaba allí. Intenté comunicarme con ellos, pero es difícil en el último kilómetro, así que he necesitado encontrar el hueco cara al viento. Llegué ya cansado de piernas, pero he conseguido ganar y estoy contento”.

¿Y el resto del pelotón? Fue un día de resistencia, de supervivencia, de guardar energías para lo que viene en La Vuelta. Torstein Træen (Bahrain Victorious), que sigue una jornada más de líder, lo definió bien, en su estilo algo lacónico y mordaz: “Honestamente, me suelo aburrir en estas etapas. Pero hoy he disfrutado un poco más que ayer. Ha sido menos estresante y no teníamos tantos nervios sobre si perdíamos el maillot”.