Olga Àbalos | 23 Jul 2025
Tour de Francia, etapa 16: El sol brilla en el Mont Ventoux
"En los últimos días hemos atravesado una tormenta, y ahora vuelve a brillar el sol." Las palabras de Valentin Paret-Peintre, muy emocionado, al cruzar la línea de meta resumían no solo su victoria, sino el estado de ánimo de todo el Soudal-Quick Step tras el abandono de Remco Evenepoel. “Tuvimos que cambiar de estrategia, y eso ha sido bueno para mí a nivel personal porque hoy me ha permitido entrar en la escapada y ganar esta etapa. Tenemos que estar orgullosos de nuestras cuatro victorias de etapa. Mañana esperamos volver a ganar.”
El escalador francés ya miraba hacia la etapa de Valence, en la que Tim Merlier podría conseguir otra victoria y eso que acaba de firmar la etapa de su vida en el Mont Ventoux, esa montaña pelada en la que todo puede pasar. Fue el escenario de una jornada en la que la gloria se decidió por delante, pero la batalla por el Tour se jugó por detrás. Cinco hombres, provinientes de la etapa del día, llegaron al pie de los 15 kilómetros finales con una ventaja sólida: un 1 min y medio sobre el grupo perseguidor, seis sobre el pelotón, donde el Visma-Lease a Bike marcaba el ritmo con autoridad. La situación era ideal para que alguno de los fugados soñara en grande. Fue Enric Mas quien rompió primero el equilibrio con un ataque a 14 de la cima. Detrás, un trío formado por Ben Healy, Santiago Buitrago y el propio Paret-Peintre se organizaba para darle caza. Lo lograron a 4 kilómetros del final, en un momento en que el colombiano ya empezaba a hacer la goma y Van Wilder sufría unos metros por detrás.
Los ataques del irlandés Healy pusieron a prueba las piernas de todos, pero ninguno fue definitivo. Los cinco supervivientes de la fuga se reagruparon bajo el triángulo rojo del último kilómetro, y todo quedó servido para un esprint entre escaladores. Allí, Paret-Peintre fue el más lúcido y rápido, consiguiendo la primera victoria francesa en este Tour de Francia 2025. Una victoria con un peso simbólico para las esperanzas francesas, que hasta ahora se escudaban en Lenny Martinez, Kevin Vauquelin o, en este final de Tour, Julian Alaphilippe, con muchas ganas de levantar (ejem) los brazos.

Mientras Paret-Peintre se echaba las manos a la cabeza, incrédulo por lo conseguido, por detrás, Jonas Vingegaard lanzó su primer ataque a 9 kilómetros de la cima. Pogacar resistió casi sin pestañear. Le siguieron otros dos intentos, hasta que, tras un demarraje de Pogacar a casi 2 km del final, vino un cuarto y último intento de Vingegaard. Pero nada. Llegaron técnicamente empatados, sin diferencias reales en meta, pero con mucha tensión en el Ventoux.
El Visma no logró romper a Pogacar, pero sí alimentar su relato. El mensaje que lanzan estos días desde el equipo neerlandés es claro: Pogacar no consigue soltar a Vingegaard con sus ataques. Siguen lejos en la general, pero juegan esa partida moral, una narrativa que puede ser un salvavidas si el esloveno —por esas cosas de la vida— tuviera un mal día. Y, en el Tour, eso siempre puede pasar.