Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso.

Tour de Francia, etapa 17: La lluvia como fe

SUSCRÍBETE

Olga Àbalos | 24 Jul 2025

Tour de Francia, etapa 17: La lluvia como fe

Tour de Francia, etapa 17: La lluvia como fe

Compartir

Había algo melancólico en la lluvia que ha caído hoy durante gran parte de la etapa con final en Valence. No era torrencial, pero sí persistente, gris, incómoda. El tipo de lluvia que unos temen y otros abrazan. “¡La lluvia es una oportunidad, sigue creyendo!”, le decían desde el coche a Mathieu Burgaudeau, uno de los cuatro hombres que se lanzaron a la aventura de la fuga en esta 17ª jornada del Tour. Un mensaje que implicaba una gran dosis de fe ciega: la lógica de hoy decía que la escapada no tendría futuro. Era la última oportunidad real para los esprinters en lo que queda de ronda francesa. Todo (o casi) el pescado estaba vendido.

El perfil de la jornada, aunque no era completamente llano, no ofrecía demasiadas complicaciones orográficas, pero sí presentaba esa pequeña posibilidad de que una fuga pudiera prosperar. Conseguir una victoria ya es una necesidad imperiosa para muchos equipos en esta tercera semana. Como viene siendo habitual en los últimos cinco Tours, los triunfos se reparten de forma desigual. Hasta el momento, solo ocho equipos han conseguido una victoria de etapa —los que más, UAE Emirates con cinco y Soudal-Quick Step con cuatro—, lo que deja a doce formaciones todavía sin premio. Precisamente en la escapada del día estaban Quentin Pacher (Groupama-FDJ) y Mathieu Burgaudeau (TotalEnergies), representantes de dos de esos equipos necesitados. Completaron la fuga Vincenzo Albanese (EF Education-EasyPost) y el siempre combativo Jonas Abrahamsen (Uno-X).



Lograron abrir hueco tras una breve batalla, pero solo hasta cierto punto: la ventaja nunca superó los 2’50”, porque Lidl-Trek y Soudal-Quick Step empezaron a organizar la caza con paciencia y cálculo. Poco a poco, metro a metro, mientras la lluvia caía y el cielo se oscurecía, la escapada fue perdiendo segundos. Abrahamsen, siempre generoso, fue el último en resistir, pero incluso él sabía que no llegaría. Burgaudeau dejó de creer en la lluvia un poco antes.

Ya con la fuga neutralizada, los últimos 4 km fueron un ejercicio de tensión contenida que desembocó en una volata muy desordenada, en la que la lluvia y los nervios fueron protagonistas. Jonathan Milan, el gigantesco esprinter del Lidl-Trek, tan concentrado estaba en la misión que ni se percató de lo que ocurría a sus espaldas: justo al pasar por la pancarta del último kilómetro, una caída dejó fuera de combate a sus dos máximos rivales, Tim Merlier y Biniam Girmay.

Y entonces, en los últimos 500 metros, Milan apareció como una exhalación entre un pelotón reducido y caótico. Esprintó a 71,1 km/h, bajo la lluvia, sorteando el peligro e imponiéndose a Jordi Meeus, segundo. “Mi equipo me ayudó cuando me descolgué en la primera subida, en la segunda marcaron un ritmo constante y luego el final fue muy difícil por el tiempo…”, explicó el italiano en la antesala del podio. La lluvia, esa que quita y da oportunidades. De momento, a Milan le ha permitido seguir vistiendo el maillot verde, pero no puede confiarse del todo, porque Pogacar sigue al acecho.