Manuel Novik | 07 May 2026
Yira supera su estreno y confirma el crecimiento del gravel en Argentina
La primera edición de Yira dejó algo más que una carrera de gravel en los caminos rurales de Villa Cacique, en la provincia de Buenos Aires. También dejó una sensación compartida entre organizadores y corredores: en Argentina existía una demanda real por un evento de este tipo. La prueba, integrada dentro de Terra Continental Gravel Series, reunió cerca de 170 inscritos y convirtió durante un fin de semana a este pequeño pueblo bonaerense en el centro del gravel argentino.
Yira forma parte de Terra Continental Gravel Series, para más información del circuito dar click aquí.
Detrás de las imágenes de la transmisión en directo, de los sprints y de los paisajes abiertos, hubo una organización atravesada por la tensión constante. “Fue un tremendo desafío, fue cómo lanzarnos al vacío”, reconoce Victoria Arango, co-organizadora de la carrera. “Era como tener 170 criaturas a cargo. Se caen, se golpean, se pierden, no saben dónde ir o qué hacer. Por momentos fue súper estresante, pero la gente la pasó increíble”.
La incertidumbre comenzó mucho antes de la salida. En un país donde el gravel todavía se encuentra en fase de crecimiento y sin demasiadas referencias previas, calcular cuántos participantes podían acercarse a una carrera completamente nueva era una incógnita. “Nos tiramos a una pileta que no sabíamos si iba a estar llena o vacía”, explica Arango. Finalmente, la respuesta superó las expectativas de la organización, incluso desde el día previo, cuando el social ride reunió a unas 80 personas, una cifra muy por encima de lo habitual para este tipo de actividades.

En lo deportivo, la carrera respondió exactamente al modelo que habían imaginado sus organizadores. Un gravel rápido, rodador y de desgaste progresivo. El pelotón principal se fue seleccionando con el paso de los kilómetros hasta romperse definitivamente en el segundo punto de hidratación, alrededor del kilómetro 125, en uno de los sectores más deteriorados del recorrido.
“Ahí el terreno estaba más roto y sabíamos que iba a terminar de liquidar la carrera”, explica Arango. “Ya venían cayéndose corredores del grupo principal, pero en ese tramo se hizo el corte definitivo”.
La victoria masculina en los 170 kilómetros quedó en manos de Matías Florio, por delante de Nicolás Beracochea y Gastón Llanos. La definición llegó al sprint tras una jornada marcada por el ritmo constante y la selección natural del grupo. “Fue un espectáculo porque la llegada se veía desde la expo y toda la gente estaba mirando el sprint en directo”, recuerda la organizadora.
En categoría femenina, el triunfo fue para Pamela Martino, seguida por Ayelen Adan Tucker y Daniela Chassot.
El recorrido mezcló caminos rápidos de ripio suave con sectores mucho más agresivos, especialmente en la parte final. Aunque cerca del 80% del trazado era rápido y favorable para mantener velocidades altas, hubo tramos donde el terreno roto y las largas rectas abiertas terminaron castigando física y mentalmente a los participantes. “Había sectores muy intensos, con diez kilómetros rectos sin nada alrededor. Eso psicológicamente desgasta muchísimo”, señala Arango.
Pese a la dureza del trazado, la cantidad de accidentes graves fue menor de la esperada en la distancia principal. Según la organización, los corredores más experimentados gestionaron mejor los riesgos sobre la tierra y el ripio. Las caídas más serias se produjeron en las distancias cortas de 50 y 90 kilómetros, donde participaron ciclistas menos habituados a este tipo de superficies y velocidades.
El episodio que terminó simbolizando el espíritu de la carrera ocurrió precisamente con uno de los accidentados. Un participante de los 90 kilómetros sufrió una caída fuerte y quedó bajo observación médica tras golpearse la cabeza. Horas después, mientras la organización seguía preocupada por su estado, llegó un mensaje inesperado. “Nos escribió diciendo que la carrera había sido increíble y que ahora quería comprarse una gravel”, cuenta Arango entre risas.
Más allá de la competición, Yira también dejó impacto en la comunidad local. Villa Cacique, un pueblo pequeño y alejado de los grandes centros urbanos, se involucró directamente en el evento. El gobierno local, comercios, radios y vecinos participaron activamente durante todo el fin de semana. “Para ellos fue un evento súper importante y súper masivo”, explica Arango. “Nos empezaron a seguir, compartir publicaciones y comentar los videos. Sentimos que el pueblo abrió completamente las puertas para una segunda edición”.
La apuesta organizativa también buscó elevar el estándar de las carreras de gravel en el país. La retransmisión en directo durante varias horas, con motos, cámaras en carrera y seguimiento en vivo, llamó la atención incluso fuera del gravel. Según cuenta la organización, otras pruebas argentinas ya se interesaron por replicar el modelo de streaming tras ver el resultado de Yira.
“Queríamos hacer la carrera de nuestros sueños”, resume Arango. “Poner la vara alta, aunque no supiéramos si iba a haber una segunda edición. Y ahora creemos que el año que viene puede ser todavía más grande”.
Toda la información de Yira está disponible en el siguiente enlace.