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Tour de Francia, etapa 8: Una sequía de 113 etapas

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Olga Àbalos | 13 Jul 2025

Tour de Francia, etapa 8: Una sequía de 113 etapas

Tour de Francia, etapa 8: Una sequía de 113 etapas

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Hacía seis años que un italiano no ganaba en el Tour de Francia. O lo que es lo mismo: 113 etapas. Jonathan Milan, un tipo de 1,95 m de alto y 87 kg de peso, ha conseguido romper esa sequía con una victoria en la llegada masiva de Laval y con su particular manera de esprintar. Con el cuello algo erguido y dando cabezazos, el corredor del Lidl-Trek consigue imprimir la máxima potencia con las piernas, herencia de su vida paralela como pistard: fue oro en Tokio 2020 y bronce en París 2024 en la prueba de persecución por equipos (con Simone Consonni, Filippo Ganna y Francesco Lamon).

No remata con una posición demasiado aerodinámica, cierto, pero su efectividad, a sus veinticuatro años, le deja aún un enorme margen de mejora en el esprint. De momento, ahí está su primera victoria en el Tour y más puntos sumados para la clasificación del maillot verde.

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Precisamente esa pelea por la clasificación de la regularidad es lo que ha dado algo de narrativa a esta octava etapa, llana, alejándose de Bretaña y del mar, marcada por el control férreo de los equipos con velocistas y con ambiciones sobre el maillot verde. El objetivo era impedir que ninguna fuga tuviera éxito.

Fue en el kilómetro 90 cuando aparecieron el dúo formado por Mathieu Burgaudeau y Mattéo Vercher, del TotalEnergies, y se lanzaron a la aventura. Dos ciclistas contra el pelotón, una pelea desigual pero que dio algo de color a la jornada. Alcanzaron un máximo de un minuto de ventaja en el kilómetro 115, mientras Intermarché-Wanty y Lidl-Trek mantenían la calma tensa, pero sin ceder nunca del todo el control.

Burgaudeau pasó primero por la Côte de Nuillé-sur-Vicoin (4.ª categoría, km 155), cuando la ventaja ya se había reducido a 45” y el pelotón empezaba a tensarse pensando en el esprint. Vercher fue neutralizado a 13 km de meta y Burgaudeau aguantó algo más, hasta ser cazado a solo 9 km. Al menos ambos se llevaron el consuelo del premio de la Combatividad ex aequo, un reconocimiento merecido por una escapada que tenía todas las de fracasar, pero que le arrancó minutos de televisión a un equipo necesitado.

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El desenlace era inevitable. El pelotón se organizó y Jonathan Milan, esta vez, corrió con inteligencia. Después de haber sucumbido ante Tim Merlier (Soudal Quick Step) en el esprint de Dunkerque, quizás por precipitarse, hoy reconoció que había querido esperar al último instante para lanzar el rush definitivo. Y la jugada le salió perfecta.

En meta, aún con la adrenalina a flor de piel, Milan intentaba asimilar lo logrado: “Creo que todavía no entiendo bien lo que hemos hecho. Llegamos con expectativas y sueños que queríamos traer a casa. Pero preverlos y conseguirlos son dos cosas diferentes”. De momento, se ha estrenado en el Giro di Francia.